Capítulo 175
#Capítulo 175 – Advertencia de gatillo atado – Asalto (no sexual)
e
“Está bien, E”.
Dice el primer sacerdote, acercándose a mío lo haría un caballo asustadizo, con movimientos
lentos y mesurados ys manos expuestas para mostrar que no empu?a ningún arma.
“Solo queremos protegerte”.
“?Protegerme de qué?” —cuestiono temblorosamente, con espalda pegada a puerta cerrada.
“Tienes una magia muy poderosa dentro de ti, y si se le permite salir quedarás expuesto. No podemos
permitir que eso suceda”. Explica, usando un tono demasiado gentil para ser digno de confianza.
Eso si estuviera tratando de enga?arme, de convencerme de que es amable cuando en realidad
su intención es hacer malicia.
“No tengo ninguna magia”. Insisto, deseando haberlo hecho.
Tal vez si fuera mágico podría deteners cosas que suceden aquí, proteger a los demás sin hacerme
da?o a mí mismo. Estaba tan preocupado con esta afirmación que casi me pierdo segunda
información.
“?Expuesto a qué?”
“Lo haces, simplemente no se ha mostrado todavía”.
El segundo sacerdote suspira, manteniendo distancia pero mirándome con ojos prantes.
“Al menos no en forma que entiendes. Dime, ?nunca has notado lo más fuerte que eres que tus
compa?eros? ?Que puedes oír y oler cosas desde distancias mucho mayores? ?Que puedes correr
más rápido, saltar más alto, sufrir mayores lesiones con menos dolor?
él pregunta, su mirada de halcón vada en mí, “?no te siguen? ?Gravitar a tudo y obedecerte
como líder?
Mi cabeza da vueltas, mareándome cons posibilidades. él adivina correctamente, pero eso no
puede ser porque tengo algún tipo de poder especial. Así sons cosas… ?no es así? “Y expuesto a
un mundo al que aún no puedes unirte”.
A?ade el primer hombre.
“Debe suceder cuando sea el momento adecuado, pero ese momento está muy lejos”.
“No entiendo.”
Chillo, una sensación de puro temor se inst en boca de mi estómago.
“Lo sabemos, E”.
El segundo hombre proma: “Ymento que esto tenga que suceder, no será agradable, pero es
necesario para el futuro de nuestro pueblo”. Sacudo cabeza, luchando por conteners lágrimas.
Sus pbras están disparando todass rmas en mi joven mente. Sé lo que los hombres les hacen
as ni?as peque?as bajo el pretexto de necesidad, con el pretexto de ayudar o proteger.
Y sé exactamente lo desagradables que pueden llegar a sers cosas.
Se me hi sangre y se me acelera el pulso, lo que desencadena una nueva y extra?a energía en
lo profundo de mis huesos.
Pulsa a través de mío un rayo de electricidad, una cosa salvaje se retuerce justo debajo de mi
piel, salvaje y rabiosa, rogando ser libre.
“?No, vete!” Siseo, mi cuerpo se estremece con estas nuevas sensaciones.
Los hombres se miran unos a otros con sombría determinación.
“Su momento fue perfecto: otra semana y llegaríamos demasiado tarde”.
“Lo siento, ni?a”.
El primer sacerdote profesa gravemente, acortando distancia entre nosotros.
“No haríamos esto si hubiera otra manera”.
El terror puro, diferente a todo lo que haya experimentado antes, se apodera de mis sentidos.
Mis instintos me gritan que corra, que escape a cualquier precio.
Me dicen que cualquier cosa que estos hombres pretendan será mucho peor que cualquier cosa que
el médico o encargada del dormitorio me hayan infligido jamás.
Pero no hay ningún lugar al que huir.
Tengo una puerta cerrada con cerrojo a mi espalda y dos atacantes mucho más grandes y fuertes que
yo se abnzan sobre mí. Intento gritar, pero el segundo sacerdote me tapa boca con mano
antes de que el sonido pueda escapar.
Hundo mis dientes en su palma, pero él ni siquiera se inmuta.
Simplemente me aparta de puerta, impulsándome más dentro de habitación.
El primer hombre me agarras piernas y me levantan del suelo.
Me golpeo violentamente contra su control, mis gritos ahogados y confusos mientras el sacerdote
continúa asfixiándome.
Su sangre se filtra en mi boca, el sabor metálico avivas mas en mi ya amargo estómago.
Mi garganta aumenta y tengo arcadas, luchando por respirar y luchando por concentrarme en mi
escape.
No sé qué hacer ni cómo luchar contra ellos: soy impotente bajo sus fuertes agarraderas y ellos
parecen no verse afectados en absoluto por mis ataques.
Bien podría ser una pluma meciéndose en el viento por todo el esfuerzo que hacen para contenerme.
Unmento lejano atraviesa el aire, suena muy lejano.
Los gritos son más profundos que los míos, llenos de pena y dolor másplejos que el puro miedo
en mis propios gritos de pánico.
“Leon”, una voz profunda, te?ida de preocupación, se une a los terribles sonidos.
“Es demasiado.”
“Sólo un poco más.”
Una segunda voz, flotando sobre mí, responde.
“Estamos muy cerca”.
No tengo idea de dónde vienen estos sonidos y los sacerdotes no parecen escucharlos en absoluto.
Continúan con su tarea con determinación y yo no soy más que un peón en su juego: peque?o e
incapaz de detenerlos.
Me arrojan al suelo y me inmovilizan.
El primer sacerdote sujeta mis mu?ecas mientras el otro se sienta sobre mis piernas que patalean,
tirando su bolsa de herramientas a su costado.
Extrae una t de seda reluciente, su brillo nacarado brio luz de luna, brindo en
oscuridad.
Parece suave y aireado, pero cuandoienzan a envolverlo alrededor de mi cuerpo, se aprieta a mi
alrededor con fuerza inquebrantable del acero.
Me encierran en t, dándole vueltas y vueltaso un capullo brinte.
Una vez que mis brazos están bloqueados contra mis costados y mis piernas bien cerradas, quedo
completamente inmóvil.
No puedo mover un músculo bajo el castigo de t, y pronto están envolviendo mi cabeza,o si
tuvieran intención de momificarme viva.
Justo antes de que seda caiga sobre mi boca, el sacerdote finalmente retira su mano de mi boca.
Medio segundo de mi grito se escapa antes de que luz de luna se cierre sobre misbios abiertos,
encerrando mi rostro en los contornos de un grito silencioso.
Puedo respirar, aunque no entiendo cómo.
Es una de mis pesadis hecha realidad: mi mente está despierta pero estoy atrapada en mi propio
cuerpo, incapaz de moverme o har.
Sólo puedo quedarme ahí inmóvil, mientras mi cerebro grita a mis terminaciones nerviosas y músculos
para que se muevan, que hagan algo, ?cualquier cosa! Pero no pasa nada porque esto no es un sue?o
del que pueda despertar, esto es real y es sólo elienzo.
Puedo oír a los sacerdotes hurgando fuera de los muros de mi prisión de seda y me esfuerzo por
identificar los sonidos: ?el tintineo de los cristales? ?El empujón de cuentas? novelebook ?Una bote
descorchándose? A pesar de toda fuerza de t, no me impide sentir ni oler.
Mi nariz se llena con una fragancia herbácea picante un momento antes de que gotas de humedad se
filtren a través de seda y lleguen a mi piel.
Se colocan objetos ligeros sobre mi cuerpo, piedras o cristales colocados en patrones deliberados
sobre mi cabeza, pecho, brazos y piernas.
Todavía estoy tratando desesperadamente de luchar contra el capullo, esa electricidad extra?a en mis
venas que me advierte que no podré luchar por mucho más tiempo.
De alguna manera, sé que se me está acabando el tiempo, pero me niego a perder esperanza de
escapar.
Entonces los sacerdotes empiezan a cantar, hando un idioma que no reconozco.
Allís pbras se arremolinan en peque?a habitación, llevando un poder arcano más antiguo que
el mundo mismo.
Hace un momento solo había oscuridad, pero ahora una luz cegadora explota en mi visión,
cegándome, pero no puedo cerrar los ojos contra e.
La luz es tan abrasadora que el dolor me punza cabeza y estoy seguro de que nunca volveré a ver.
Pronto me doy cuenta de que luz es menor de mis preocupaciones.
El fuego viaja por el interior de t, pero seda no arde, sólo yo lo hago.
Arde con tanta fuerza que estoy seguro de que cualquier lágrima que quede en mis mejis se
evaporará en el acto, puedo sentir mi piel amporse, estar hasta ques mas puedan pasar a
carbonizar mi carne y mis músculos.
Estoy muriendo…
Estoy seguro de ello.
Me estoy muriendo y no voy a escapar.
No quedará nadie para proteger a Cora y a los demás ni?os, estarán solos e indefensos.
Esa misma energía salvaje surge hacia adnte, y los sacerdotes pierden el ritmo momentáneamente,
y su canto tartamudea antes de recuperar su fuerza zumbante.
Intento enviar otra oleada, pero algo se está desgarrando dentro de mí, más doloroso incluso ques
mas.
“Leon, lo digo en serio, sác”.
El hombre ahora está enojado, furioso.
Y mujer sigue gritando, con voz ronca por el esfuerzo.
“Sabemos lo que hicieron, es hora de parar.
E no puede soportar más”.N?velDrama.Org owns this text.
“Conseguirás el antídoto”.
La segunda voz está de acuerdo.
Me estoy rompiendo, deshaciendo, y con un violento tirón mi alma se parte en dos.
El dolor desaparece, luz se atenúa, pero siento el pecho vacío.
Ya no hay poder pulsando en mis venas, y sólo ahora que se ha ido puedo reconocer que estuvo allí
en primer lugar.
He perdido algo sagrado e integral a mi ser, aunque no sé qué. Simplemente sé que ya no estoy
completo.
Los sacerdotes han en voz baja mientras me desenvuelven: “E era más fuerte de lo que
esperaba… realmente notable”.
Tengo cara descubierta y, aunque estaba segura de que me habían quemado hasta converti en
cenizas, siento aire frío contra mi piel manchada de lágrimas, aunque ya no tengo ganas de llorar.
Miro fijamente al techo sobre mí, hasta que uno de los rostros marchitos entra en mi línea de visión.
“Todo ha terminado ahora.”
El sacerdote me asegura, sonando arrepentido.
“También te quitaremos el recuerdo. No tendrás que recordar esto, peque?a”.
Su rostro se vuelve borroso cuando una aguja me pellizca el brazo y vuelvo al presente.