Capítulo 91
Capítulo 91 – Casi idente
e
Estoy tan concentrado en Sinir que ni siquiera veo el auto hasta que casi está encima de mí.
Estoy demasiado aturdido para moverme, aunque no es que haya tiempo para apartarme. Lo único
que puedo hacer es intentar alejar mi cuerpo del vehículo para proteger a mi feto del inevitable
idente.
El tiempo mismo parece ralentizarse y hay un rugido sordo en mis oídos. Mis pensamientos pasan
vndo y me sorprende ridad lógica que puedo encontrar en una s frión de segundo. Me
digo a mí mismo que me quede sin fuerzas, el impacto no será tan terrible si mi cuerpo no está tenso
por el miedo. ?No es por eso ques personas borrachas a menudo sobreviven a identes
automovilísticos que de otro modo serían fatales?
Desafortunadamente no tengo tiempo para rjar mis músculos tensos, tan prontoo lo pienso, un
peso enorme choca contra mi espalda, golpeándome con tanta fuerza que me deja sin aliento. Estoy
dando vueltas, torciéndome mientras pared de hierro me rodea, obligando a mis pies a levantarse
del suelo. Un estrépito ensordecedor llena el aire, aunque parece retrasado. ?No me han golpeado
ya?
?Entonces me empujan hacia adnte o hacia atrás? Me muevo, vuelo por el aire y, sin embargo, mis
extremidades estánpletamente constre?idas. Mis ojos están cerrados con fuerza y el sonido del
metal retorciéndose y el vidrio rompiéndose explota a mi alrededor. Es todo tan repentino que no tengo
tiempo para tener miedo, para rezar por mi bebé, si no por mí.
? 2024 N?v/el/Dram/a.Org.
Espero el dolor, pero no llega. Después de unos momentos de contener respiración, me doy cuenta
de que ya no me muevo. ?Estoy muerto? ?Fue tan repentino que no lo sentí?
Abro un ojo y luz del sol me ciega. ?Existe un sol en el más allá? Sé que los cambiaformas tienen
una versión del cielo, pero no imaginé que los humanos tuvieran que ir allí.
Se oye un clic,o el de puerta de un coche al abrirse, y luego el sonido de unos pasos
acelerados. “?Atrápalos!” La voz profunda de Sinir gru?e, tan fuerte que creo que debe estar
gritándome al oído.
La esperanza corre por mis venas. Si él está aquí entonces no debo estar muerto. ?Y por qué tengo
tanto calor? Me pregunto tardíamente, imaginándome tirado sobre el capó de un vehículo, demasiado
conmocionado para sentir el impacto en mi cuerpo destrozado. ?No debería estar frío un coche que ha
estado parado en nieve?
“E-E, ?estás bien?” Sinir vuelve a har y abro el otro ojo, ansiosa por verlo. En cambio, veo
calle vacía frente a mí. “Por favor di algo.” Suplica, sus suaves manos moviéndose sobre mi cuerpo
desde atrás. “?Estás herido? Háme bebé.”
Detrás de mí. Pienso aturdido. Pero eso significa… Me siento y miro realmente a mi alrededor por
primera vez. Estamos sentados sobre el capó del coche, al menos lo que antes era el capó. La
enorme carrocería de Sinir ha destrozado porpleto el vehículo. Lentamente, exasperantemente
lento, mi cerebro reconstruye lo que debe haber sucedido. Sinir había sido lo suficientemente rápido
para alcanzarme, pero no había tenido tiempo de apartarme del camino. En lugar de eso, me alejó del
auto y me envolvió con su propio cuerpo, protegiéndome del impacto del auto. Había recibido toda
fuerza del choque, y su espalda había arrugado el parachoques y el capó hasta dejarlos
irreconocibles, rompiendo el parabrisas en mil pedazos.
Siento náuseas de inmediato y mi cuerpo tiem de miedo y adrenalina. “Yo… yo…” Salgo de
superficie de metal arrugada, mis rodis cedieron tan prontoo mis pies tocaron el suelo. Vomito
sobre prístina nieve nca y siento que Sinir me sigue a un ritmo demasiado lento para su fuerza
sobrenatural. Tengo miedo de mirarlo, pero él está flotando a mido, pasando subrepticiamente sus
manos por mi cuerpo, buscando signos de lesión pero tratando de no molestar. “Detener.” Me ahogo,
“Estoy bien… eres tú…” Finalmente me giro para mirarlo, el horror y culpa me invaden mientras
asimilo el da?o.
Sinir está sangrando y su cuerpo debe estar cubierto de moretones. El impacto me habría matado,
y su fuerza cambiaformas podría haberlo mantenido con vida, pero ni siquiera un lobo Alfa puede salir
ileso de un idente así. Su hermoso rostro es una mueca tensa de dolor, pero no estoy seguro de
que esté siquiera registrandos sensaciones. Su atención se centra en mí, sus ojos verdes recorren
mi cuerpo en busca de signos de da?o.
“Oh Dominic”, me ahogo, mi voz llena de emoción mientras me acerco a su cuerpo maltratado. Su
camisa ha sido destrozada por el vidrio del parabrisas, y solo puedo imaginar cuán destrozada está su
carne debajo.
Antes de que pueda tocarlo, me distraen los sonidos de una lucha en distancia. Sigo el sonido con
mis ojos y veo a nuestro chofer derribando al conductor homicida al suelo unos metros más adnte.
Debió haber tratado de huir cuando el auto se detuvo, incapaz de simplemente atravesar el cuerpo de
hierro de Siniro lo habría hecho con el mío. Inmediatamente reconozco al conductoro uno
de los pícaros que me atacaron en el callejón, y de repente mi visión se vuelvepletamente roja.
Olvido mi preocupación por mí y el bebé, incluso olvido mi preocupación por Dominic. Sólo siento una
avncha de furia vengativa, más violenta y salvaje que cualquier otra que haya conocido antes. Ese
pícarostimó a Sinir. Quería acabar con vida de mi bebé y me habría quitado mía en el
proceso, pero en realidadstimó a Sinir. Podría habernos quitado al padre de mi bebé a ambos, de
la manada que lo necesita.
“?Lo mataré!” Gru?o, levantándome con piernas temblorosas ynzándome hacia el pícaro.
Una barra de acero me atrapa por cintura y me tira hacia atrás. “Woah E, ven aquí, déjame
mirarte”.
“?No, quiero matarlo!” Insisto, sin reconocer a esta mujer sanguinaria en que aparentemente me he
convertido.
“Yo también, problema, pero ahora mismo eres más importante”. Sinir murmura en mi oído. Ya
puedo escuchar sirenas a lo lejos, fuertes, estridentes y acercándose con cada momento que pasa.
“?Estoy bien!” Lloro,s lágrimas brotan de mis pesta?as desbordadas. “?él testimó! Déjame ir para
que pueda hacerle pagar”.
Sinir ronronea, pero el sonido sigue tartamudeando en su pecho,o si el motor interno que
alimenta sus retumbos y gru?idos hubiera sido da?ado. “Lo sé, peque?o, le haremos pagar, solo
tómatelo con calma”.
Sollozando, dejo de luchar y me giro para mirarlo una vez que devuelve mis pies al suelo. “Estáis
todos malditos”. Observostimosamente, deseando saber cómo curar sus heridas. “Yo también
quiero hacerlo sangrar”.
Suenoo un ni?o peque?o petnte, aunque hay que reconocer que muy violento. Aun así,
Sinir no me escucha, el hombre testarudo tiene palma de su mano presionada contra mi vientre y
sus ojos me recorren por enésima vez. “El bebé está bien”. Suspira, “pero necesito que me digas
dónde estás herida, E”.
Antes de que pueda responder, una ambncia se detiene detrás de los ebros y un paramédico
salta de parte trasera del vehículo y corre hacia nosotros. Reducen velocidad a medida que se
acercan, acercándose con caut a nosotros mientras Sinir me abraza con fuerza y ienza a
gru?ir protectoramente. “Alfa”, uno de los paramédicos tienes manos en alto, para demostrar que no
quiere hacer da?o. Tardíamente me doy cuenta de que el símbolo de manada de Moon Valley está
ardiendo en el costado de ambncia, marcándo parte de una institución de cambiaformas.
Por supuesto, los cambiaformas llegaron aquí más rápido que los humanos. Pienso con alivio. Y
gracias a Dios, agresión animal de Sinir habría aterrorizado a un humano; ya aterroriza a los
otros lobos.
“Está bien.” La EMT continúa. “Solo queremos ayudar, no le haremos da?o”.
Sinir huele el aire, aspirando sus aromas y aparentemente considerándolos amigables. Poco a poco
me suelta, aunque puedo sentir lo difícil que le resulta hacerlo. Al final me ofrece para su examen y, en
el proceso, menza una advertencia amenazadora: “Te estoy observando, beta. Un movimiento en
falso y te haré desear no haber nacido nunca.
El paramédico se acerca a mí, todavía cons manos en alto a vista. Sinir camina detrás de
nosotroso un oso enfurecido y yo trato de contrr mi respiración. “Luna, ?dónde estás
sangrando?”
“?No soy!” exmo, medio sollozando. “Es toda su sangre. Estoy bien, él es el que fue golpeado”.
El paramédico mira a Sinir, buscando confirmación y, en su lugar,ienza a acercarse a él.
“?No! Mír primero”. él gru?e, poniendo toda su autoridad Alfa ens pbras y haciéndonos temr
a todos en respuesta.
“?Dominico, por favor!” Le ruego, volviendo hacia él. “No estoy herido porque me protegiste”. Presiono
mis palmas contra su pecho, mirándolo con una expresión suplicante. “Hiciste tu trabajo, estamos a
salvo”. Continúo, rezando para que escuche razones, o al menos mis pbras lo impulsen a actuar.
“Rafe y yo necesitamos que estés bien para que puedas seguir manteniéndonos a salvo. Entonces
necesitamos que vayas al hospital ahora. Necesitamos que dejes que te ayuden”.
Sinir me mira con ojos brintes e inciertos y le pregunto por última vez. “Por favor, Dominic”.