Capítulo 42
Capítulo 42 – Merienda nocturna
Sinir
Puedo oír el corazón de Etiendo a un kilómetro por minuto y el bebé está empezando a
estresarse, según lo que dice su madre. Yo también estoy preocupado, E es peque?a incluso para
un humano, y yo soy grande incluso para un hombre lobo, pero no creo que Diosa hubiera elegido
para llevar a mi heredero si no pudiera soportar el peaje. Necesito calma rápidamente.
Empiezo a ronronear, acariciando sus costados con cariciasrgas y tranquilizadoras. “Tranquilo,
peque?o. Todo estará bien.”
Puedo sentir que sus nerviosienzan a calmarse, pero parece que mente de E todavía está en
plena rebelión. “?Para!” E gime: “No quiero que simplemente calmes esto, ?tengo razón en tener
miedo!”.
“Por supuesto que lo eres.” Canturreo, sin dejar de ronronear. “El parto siempre da miedo y siempre
parece imposible, por eso es un mgro. Vas a tener los mejores médicos del país, E. Te prometo
que lo superarás con gran éxito”.
“Es fácil para ti decirlo.” E se queja. “?No tienes que sacarte una sandía de tus partes íntimas en
cinco meses! Oh Dios, ?qué has puesto dentro de mí?
Content is ? by N?velDrama.Org.
“Bueno, ticamente, no lo puse allí”. Le recuerdo, tratando de aligerar el ambiente.
“?Sinir, lo digo en serio!” E espeta: “?No creo que pueda hacer esto!”
“E, mírame”, le instruyo suavemente. E niega con cabeza, negándose rotundamente, así que
dejo de acaricia el tiempo suficiente para agarrar su barbi y volver su hermoso rostro hacia el mío.
“Voy a cuidar de ti”. Prometo. “Si eso significa que tenemos que inducir al bebé a nacer un par de
semanas antes o hacerle una cesárea, lo haremos. No vamos a someter tu cuerpo a nada que no
pueda soportar”.
E se está sometiendo gradualmente a mis ronroneos, aunque puedo decir que todavía quiere pelear.
Puedo ver que mantener a mi peque?o humano tranquilo y rjado durante este embarazo va a ser
incluso más difícil de lo que anticipé, pero no me decepciona en lo más mínimo si eso significa que
tenemos que pasar más tiempo acurrucándonos y hando de esta manera. Me gusta cuidar de E.
Está en mi naturalezao Alfa cuidar de los demás, y necesito darle este consuelo tantoo E
necesita recibirlo, ya sea que e se dé cuenta o no.
E reso hoscamente, acurrucándose en mi calidez. “Realmente no es justo que puedas influir en
mis emociones de esta manera”.
“Lo sé.” Mepadezco, me alegro de que no pueda ver mi sonrisa. La peque?a obstinada
ramente no está acostumbrada a recibir ayuda para resolver sus problemas, y estoy seguro de que
no se siente cómoda dándole ese poder a nadie más. Sin embargo, no le digo cuánta influencia tiene
sobre mis propios sentimientos. Cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta de cuánto depende mi
propio estado de ánimo de si E está contenta, algo que no he experimentado con nadie más que
con mi pareja.
Con Lydia era muy diferente, mi lobo nunca se calmaba a menos que el suyo lo estuviera, y e
esperaba plenamente que yo manejara sus emociones por e, dando a conocer cada queja en su
vida en voz alta y dramáticamente. E es una criatura muy diferente, oculta sus disgustos mayor
parte del tiempo y nunca espera ni quiere que yo se los arregle, pero mi lobo parece aún más infeliz
cuando e está inquieta que cuando estaba con Lydia.
Mi mente da vueltas cons implicaciones de esto, y razona que debe ser el bebé una vez más. Estoy
tan en sintonía y preocupada por E porque está embarazada de mi heredero, tiene mucho sentido
que mi lobo esté en este estado elevado dada nuestra situación. Estoy seguro de que esta conexión
es también razón por que E parece tranquilizarse únicamente con mis ronroneos, y con los de
nadie más. El instructor se ha quedado en silencio: ramente es un viejo sombrero que ha con
parejas sobres dificultades del parto y espera ataques de pánicoo el de E.
Mi dulce ser humano no es única madre primeriza en habitación que insiste en que tarea que
tienen por dnte es imposible, y no soy únicapa?era que ronronea. Aún así, cuando me
detengo por un momento paraprobar si los ronroneos de los otros hombres calman a E, su
ritmo cardíacoienza a aumentar nuevamente y sé que e solo responde al mío.
Es el cachorro”. Le digo a mi lobo, que se pavonea con orgullo masculino en mi cabeza. “Tiene que
ser el cachorro”.
_____________________
Esa noche me despierto solo en cama.
Al principio no estoy seguro de qué me despertó, no es hasta que me doy cuenta de que mis brazos
están vacíos y alcanzo a E que entiendo que está desaparecida. Me siento, instantáneamente
alerta. E no está en habitación y el ba?o está oscuro y vacío. Salgo de cama y olfateo el aire.
No huelo a un intruso ni siento nada extra?o, tampoco es que lo haría. Si alguien se hubiera acercado
lo suficiente para arrebatárm de mis brazos, ciertamente no me habrían dejado con vida.
Sigo embriagadora fragancia de E hasta puerta y bajos escaleras, mi lobo se calma
gradualmente a medida que nos acercamos a cocina y armo el rompecabezas en mi mente. Debió
haberse despertado con ansias y decidió tomar un refrigerio a altas horas de noche.
Me detengo para escuchar en puerta por si acaso, el familiar aroma del tocino llena mis sentidos. Un
momento después, entro y encuentro a E parada sobre estufa en penumbra. Enciendo luz y
e salta medio pie en el aire, gritando de sorpresa.
“Está bien cari?o, soy sólo yo”. Lo prometo, acercándome para rodea con mi brazo.
E se aleja de mí instintivamente, ramente sin darse cuenta de que solo quiero sentir su cuerpo
contra el mío, pero tomo su mano antes de que pueda escapar de mi alcance y acerca. “?Te dio
hambre?”
E asiente, sonrojándose, “No quería despertarte”.
Le ofrezco una expresión severa. “Quiero que me despiertes cuando te levantes en medio de esta
noche”. Le digo, “ya sea para satisfacer un antojo o para alimentar al bebé cuando nazca”.
E parpadea y me pregunto si esperaba que durmiéramos separados después del parto. “Pero no
puedes ayudarme a amamantar. ?Por qué te levantarías tú también?
Pongo los ojos en nco, “porque estamos juntos en esto. Si tienes que despertarte diez veces por
noche, yo también debería hacerlo”.
“Dices eso ahora”, reso E, “veremos si todavía cantas esa melodía en unos meses”.
“Lo digo en serio E, no quiero perderme ni un momento de esta experiencia. Lo he esperado durante
mucho tiempo. Además, es posible que no pueda darle leche al bebé, pero puedo apoyarte mientras lo
haces”. Razono, sin cederle ni un centímetro literal o metafóricamente.
E entrecierra los ojos. “?Todos los hombres cambiaformas sono tú? ?O todos los Alfa? Te
garantizo que los hombres humanos no lo son.
Frunzo el ce?o, pensando por un momento. “No lo sé – honestamente. Y realmente no me importa lo
que hagan los demás. Así eso lo vamos a hacer”.
“?Y qué pasa si no quiero que te levantes conmigo?” E posa, con un brillo tortuoso en sus ojos.
“?Qué pasa si quiero dejarte dormir o robar tiempo a ss con el bebé?”
Me río entre dientes,cida de ver que se siente lo suficientemente cómoda conmigoo para
permitirse sus travesuras. “Pruébelo y vea qué pasa”. Bromeo de vuelta. “Ahora”, continúo, mirando
por encima de su cabeza hacia el tocino frito. “?Qué hay en el menú esta noche?”
“Tocino.” E responde, sin mirarme a los ojos.
“?Y?” Presiono, sabiendo que sus antojos nunca son tan una s nota.
“Cubierto de chocte”. E murmura, sonrojándose. Espero, sintiendo que hay más en historia.
E no decepciona. “Ba?ado en guacamole y salsa picante”.
No puedo contener risa y E me mira con los ojos muy abiertos. “Crees que soy asqueroso, ?no?”
Oh, si tan solo supiera cuán opuestos eran mis sentimientos. “Por supuesto que no, creo que estás
embarazada”. Respondo, empujánd hacia uno de los taburetes altos de barra. “Ahora siéntate
aquí y relájate, hermosa. Yo me encargo deida”. Me alegra ver que E ya no se inmuta
cuando menciono su belleza. Obviamente todavía no le gusta que a los demás les guste, pero ahora,
en lugar de parecer incómoda o molesta, se sonroja cuando felicito.
Termino de preparar su merienda con facilidad. El tocino ya casi estaba terminado de cocinarse y el
chocte ya está derretido. Seco el tocino con palmaditas y lo dejo enfriar un poco, antes de cortars
tiras por mitad y sumergis en rica ganache. Los coloco en un to y saco un cartón de
guacamole del refrigerador, coloco una cucharada colmada en el centro del to y lo rocio con salsa
picante. Coloco el to frente a E, quien lo mira asombrada”. Iba aérmelo de ba?erao
un pagano”.
Echo cabeza hacia atrás y me río: “Probablemente habría hecho lo mismo”. La veo dar el primer
bocado, gimiendo de cer mientras sus pesta?as se cierran con deleite epicúreo. Por extra?o que
me parezca, es lo que quiere el bebé y a E le encanta.
Empiezo a preparar los tos con ventaja mientras E se da el gusto y solo me detengo para probar
un bocado. No es tan asquerosoo pensé que podría ser, pero definitivamente no me deleita tanto
como a mi peque?o humano. Cuando coloco el último to en el tendedero, me vuelvo hacia E, solo
para encontra sollozandostimosamente.
“E, ?qué pasa?” Exmo, sorprendida por su intensa emoción.
E niega con cabeza: “No es nada, estoy siendo tonta”.
“Dímelo ahora mismo, E”. Ordeno.