Capítulo 2110
Monasterio Cáb
Aunque el camino de subida era empinado y difícil de recorrer, pronto conquistaron monta?a. Al
llegar a cima, el dúo de padre e hijo quedó maravido por espectacr vista.
Un monasterio resndeciente y majestuoso ocupaba casi toda cima de monta?a.
Estaban tan cerca des nubes que podían extenderse y tocas mientras el aire refrescante les
ayudaba a despejar mente.
—Papá, ?es el Monasterio Cáb del que habas? —preguntó asombrado Sixto, con los ojos
vados en el edificio.
Pensaba que los monasterios eran peque?os y destartdos. Desde luego, ?esto no es lo que
esperaba.
Pascual asintió.
—Sí. Es el Monasterio Cáb, que está dnte de ti, y mi superior, Josías, es el abad. Por favor,
llámale, Se?or Jerez cuando lo veas más tarde.
Pascual y Sixto llegaron ante el Monasterio Cáb mientras chaban. Con miles de discípulos
presentes,s fuertes voces resonaban por los pasillos del Monasterio Cáb.
Sixto se sorprendió bastante al darse cuenta de que muchos de los discípulos eran ciudadanos
corrientes. No lo podía creer.
—Papá, nos costó un gran esfuerzo subir empinada colina a pesar de que somos artistas marciales.
?Cómo lo hizo esta gente?
—Lo que ven es el poder de fe. Somos iparables a estos ciudadanos en lo que se refiere a su
fe. Dedicaron toda su vida a Dios, queriendo que les protegiera... —Pascual suspiró, observando los
movimientos de los discípulos.
Sixto hizo una mueca.
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—Somos due?os de nuestra vida. Si en verdad pensaban que estas entidades podían ayudarles,
entonces son más inocentes de lo que pensaba.
Para Sixto, nada era más fiable que tener una fuerza verdadera y poderosa.
Sin embargo, en el momento en que Sixto terminó de har, asfixia lo abrumó. Sus ojos se abrieron
de par en par mientras su cara se crispaba con violencia por falta de aire.
—Sinvergüenza, eso es una sfemia en el Monasterio Cáb. Esta ión es intolerable. —Una voz
profunda llegó a los oídos de Sixto.
La repentina situación aterrorizó a Sixto. Cayó al suelo de rodis de inmediato.
Mientras tanto, Pascual se dio cuenta de lo que había sucedido al instante cuando vio peculiar
reión de Sixto. Utilizó energía interna para transmitir un mensaje.
—Josías, soy yo. Pascual San Miguel del n Artesano. Estoy aquí para una visita rápida. Por favor,
perdona ignorancia de mi hijo.
La presión sobre Sixto desapareció, y pudo respirar más tranquilo después de que Pascual arara
intención de su visita.
Pronto, un sacerdote de unos setenta u ochenta a?os salió del Monasterio Cáb. Tenías cejas
ncas y manchas en túnica. Sin embargo, el viento silbaba a su alrededor cuando caminaba.
No era otro que Josías Jerez, del Monasterio Cáb.
—Josías... —Pascual se precipitó hacia dnte, con lágrimas rodando por su rostro al ver al hombre.
Sixto se adntó en respuesta, saludando:
—Se?or Jerez.
Josías los recorrió con mirada. Frunció el ce?o antes de invitar:
—Síganme al edificio.
Pascual y Sixto siguieron a Josías por los pasillos antes de llegar al vestíbulo trasero.
—Déjennos ahora... —Josías hizo un gesto con mano, echando a los otros sacerdotes del vestíbulo.
Luego, preguntó—: Pascual, tú eras el jefe del n Artesano. ?Qué te ha pasado?
Descorazonado por pregunta de Josías, Pascual volvió a sollozar.
—?Josías, debes vengarte en mi nombre!
Con eso, se arrodilló ante este último.
Sixto hizo lo mismo y se arrodilló en el suelo.
—Pascual, aunque tú y yo tomamos caminos separados después de terminar nuestro aprendizaje y no
nos habíamos puesto en contacto durante mucho tiempo, nunca te abandonaría cuando surgieran
problemas. —Josías continuó mientras ayudaba a Pascual a levantarse—. Y ahora, cuéntame qué ha
ido mal.
—Mi n Artesano ha desaparecido, Josías. Alguien lo destruyó —deró Pascual con tristeza