Capítulo 2103
Congción
Como ambas habían acordado, Armando pasó mano por mesa y apareció un rayo de luz brinte.
Para sorpresa de René y Magnolia, pronto se materializó un libro dnte de Armando.
La cubierta del libro estaba bastante envejecida y visiblemente desgastada.
—Lleven este libro a dondequiera que vayan, y asegúrense de no salir de los límites de Ciudad de
Jade. Recuerden que nadie puede leer el libro, incluidas ustedes. Cuando vean a Jaime, entréguenle
este libro. ?Lo entendieron?
Al escuchar eso, René y Magnolia movieron cabeza.
Eran incapaces de descifrar lo que Armando intentaba decirles.
?Jaime ya está atrapado en el reino secreto, así que ?cómo vamos a verlo??.
—Eso es todo. Llévense este libro y váyanse. No se lo digan a nadie —les recordó Armando antes de
hacer un gesto despectivo con mano.
Magnolia se adntó para tomar el libro. Tras guardarlo bien,s chicas salieron del Ministerio de
Justicia.
Cuando ambas salieron, Cecilia preguntó de inmediato:
—René, Magnolia, ?por qué el se?or Szar les pidió que se quedaran? ?Qué les dijo?
—Oh, no es gran cosa. Tan solo preguntó por nuestras aptitudes —explicó Magnolia.
La mayoría des chicas conocían a sus aptitudes, así que aque explicación no suscitó ninguna
duda.
La expresión de Cecilia era seria mientras se dirigía as damas:
—Ahora que el se?or Szar nos ha impartidos ticas, confío en que todas podamos trabajar
diligentemente para perfionar nuestras habilidades de cultivo con el fin de ayudar pronto a Jaime.
...
Durante los días siguientes,s damas trabajaron duro para fortalecer sus habilidades de cultivo.
Forero y el resto seguían devanándose los sesos, tratando de encontrar una manera de salvar a Jaime
del reino secreto.
René y Magnolia estaban perdidas.
Pasaban los días juntas, sin separarse nunca. Magnolia llevaba el libro consigo a todas partes,
siempre con cuidado de no olvidarlo ni dejarlo atrás.
Text property ? N?vel(D)ra/ma.Org.
Pasaron unos días que parecieron un abrir y cerrar de ojos. Sin un n de ión ro, vagaban sin
rumbo pors calles. A pesar de sus esfuerzos, no tenían ni idea de cómo iban a encontrar a Jaime.
Seguían sinprenders pbras de Armando.
—Magnolia, no podemos pasear pors calles sin un propósito en todo el día. ?Todos están ocupados
cultivando! Los que no conocen nuestro n podrían pensar que estamos holgazaneando sin ninguna
intención de ayudar a Jaime —dijo René con desgana.
En ese momento estaban sentados en un rincón de un restaurante.
—?Qué quiere decir el se?or Szar? No entiendo sus pbras. He estado pensando estos días.
?Crees que nos ha dado el libro porques dos tenemos aptitudes únicas y tenemos una forma de ver
a Jaime? —preguntó Magnolia pensativa.
—?Cómo podemos hacerlo? Jaime está atrapado en el reino secreto. Ni siquiera el se?or Forero y los
demás saben qué hacer —preguntó René, con losbios fruncidos por frustración. Miró el festín que
les habían servido, pero su preocupación por Jaime le había quitado el apetito.
—Se?oritas, no duden en contarme lo que les preocupa. Puedo ayudarles a resolver sus frustraciones.
Justo en ese momento, dos hombres de aspectoscivo vestidos con ropa cara se dirigieron hacias
chicas.
René y Magnolianzaron una breve mirada en su dirión antes de decidir ignorarlos porpleto.
A pesar de ser ignorados, los hombres se negaron a rendirse y se sentaron junto a René y Magnolia.
René se sentía bastante irritada, y su paciencia había sido puesta a prueba hasta el límite por los
persistentes intentos de los hombres de ligar con es.
Las fulminó con mirada y deró:
—Lárgate ya antes de que pierda los estribos de verdad.
Al escuchars irrespetuosas pbras que salían de boca de René, un hombre no pudo evitar soltar
una risita en respuesta.
—Parece que tienes un temperamento ardiente para alguien de tu edad. ?No has escuchado har
de nosotros...?
Antes de que pudiera terminar frase, René golpeó mesa cons manos. Visible a simple vista,
una fina capa de escarcha se extendió por mesa yenzó a subir por sus brazos,
entumeciéndoles piel a su paso.
El frío se apoderó de ellos y, antes de que se dieran cuenta, sintieron que unos dedos hdos les
apretaban piel y pronto se vieron envueltos en una capa de escarcha, con el cabello ys pesta?as
llenas de diminutos cristales de hielo.
—?René!
Magnolia detuvo con un jalón a René y miró alrededor de zona.
—Tenemos que irnos. Hacer esto en público hará que gente entre en pánico.
Tiró de René para saca del restaurante, a pesar de que apenas habíanido lo que habían
pedido antes