Capítulo 2051
Tras un sonido metálico,s katanas de los samuráis del frente se partieron. Al mismo tiempo, una
enorme fuerza de contragolpe hizo que salieran vndo y estaran en el aire convirtiéndose en
nies de sangre.
Sugimoto, que había estado observándolo todo desde su lugar, no pudo evitar fruncir el ce?o.
Aunque los samuráis habían estado en nies de sangre provocadas por fuerza del contragolpe,
los demás guerreros no retrocedieron.
El espíritu de los samuráis y sus creencias les hacían no temer a muerte.
—?Ataquen!
Docenas de samuráis bajaron sus espadas hacia Jaime al unísono, y sus hojas se concentraron en un
punto.
Al ver eso, Jaime activó el Cuerpo de Golem, y su cuerpo se cubrió al instante de brintes escamas
doradas.
Erao si se hubiera puesto una armadura dorada.
—Hmph. Voy a destruir ese espíritu samurái tuyo —se burló Jaime. Con un suave movimiento de
mano, una energía aterradora salió disparada y golpeó a docenas de sus enemigos. Todos salieron
despedidos por los aires y estaron en nies de sangre.
La sangre empezó a llover del cielo mientras miembros y órganos incorpóreos se esparcían por el
suelo. Un fuerte olor a sangre permanecía en el aire de monta?a.
Eso era lo que Jaime quería. Puesto que los samuráis estaban contrdos pors ense?anzas de los
samuráis, Jaime tenía que utilizar el método más despiadado y violento para hacerles sentir miedo.
Sin embargo, tan prontoo ese grupo de samuráis murió, otro grupo senzó al ataque. Cada uno
de ellos tenía un aura asesina. No parecían tener el más mínimo miedo.
En ese momento, Jaime extendió su mano derecha y en e apareció Espada Matadragones.
Jaime agitó entonces Espada Matadragones, produciendo una luz de varios metros dergo que
partió por mitad a los samuráis que iban contra él.
La parte superior de los cuerpos de los guerreros se desplomó en el suelo mientras sus pies seguían
corriendo por inercia antes de caer.
La sangre brotaba por todas partes. Con ayuda de Espada Matadragones, Jaime mató a docenas
de samuráis de un solo golpe.
Cuando los samuráis, partidos por mitad, se desplomaron en el suelo, un grupo de intrépidos
guerreros volvió a carga.
Jaime entrecerró mirada mientras una poderosa energía de espada rodeaba a Espada
Matadragones.
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La energía de espada se precipitó hacia los samuráis y los cortó en pedazos.
Jaime no los dejaría morir mientras su cuerpo permaneciera intacto.
Mirando a los samuráis caídos y esparcidos por el suelo, Sugimoto se dio vuelta ynzó una mirada
a los diez magos. De inmediato asintieron y empezaron anzar hechizos.
Hilos ncoso seda se formaron en el cielo y se dirigieron hacia Jaime.
Los hilos empezaron a enredarse a su alrededor hasta envolverlo firmementeo un capullo.
Sugimoto dejó escapar un suspiro de alivio cuando vio a Jaime sujeto, y una sonrisa se dibujó en sus
labios.
Mientras Sugimoto seguía sonriendo con regocijo, vio que una luz dorada se derramaba de los hilos
ncos. En el segundo siguiente, los hilos ncos se rompieron, permitiendo a Jaime recuperar su
libertad.
—?Me estás retando a unbate con magia? —se mofó.
De repente, Jaime cruzós manos ys levantó hacia el cielo.
Al instante se formaron nubes oscuras en el cielo y rugieron truenos celestiales. El repentino
fenómeno dejó boquiabiertos a Sugimoto y a los magos.
Sabían cuánta energía mental se necesitaba para realizar una magia tan espectacr.
Antes de que pudieran reionar, rayos de truenos celestiales descendieron por el cielo.
?Crush!
Cada golpe del trueno celestial reducía a un mago a polvo.