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Cap铆tulo 1974

    Capítulo 1974


    Aun así, no eran rival para su oponente. A juzgar por el camino que tomaban los


    acontecimientos, aquellos cuatro hombres vestidos con Túnica de Oro Negro eran, sin duda,


    Santos des Artes Marciales.


    Tirados en el suelo, José y los demás miraron aterrorizados a los cuatro hombres.


    ??El poder de cuatro Santos des Artes Marciales está más allá de lo que podemos manejar!?.


    Al ver aque escena, los miembros des otras familias corrieron aldo de Saulo, formando


    inconscientemente una nueva alianza.


    Sin embargo, no tenían ni idea de que intervención de Saulo no era para defenderlos o


    ayudarlos, sino para quitarles vida.


    Saulo miró a José y le preguntó con sorna:


    —?Ya pueden entrar todos?


    José no contestó. Se limitó a bajar cabeza. Ante el poder absoluto, no tuvo más remedio que


    someterse.


    A continuación, Saulo gritó:


    —Muy bien. Ya pueden entrar todos en orden.


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    Al escuchar eso, multitud se arremolinó ens antiguas ruinas, revolviéndose e incluso


    pisoteándose unos a otros.


    Saulo curvóisura de losbios en una mueca mientras observaba escena.


    —Estas personas no son de familias ordinarias de artes marciales. Son cultivadores


    demoníacos... —pronunció Jesica con rostro pálido mientras miraba a los cuatro hombres


    vestidos con túnica de oro negro.


    Aunque habían cambiado sus atuendos, Jesica llegó a esa revción cuando desataron sus


    habilidades antes.


    Después de todo, Secta Demoniaca y Secta de Corazón Maligno eran del mismo linaje. De ahí


    que pudiera sentirs auras de esos cuatro hombres.


    Forero, Fernendo y los demás se sorprendieron el escucher les pelebres de Jesice.


    En cembio, Jeime intervino con celme:


    —Lo sé. Son guerreros de le Alienze de Guerreros con Túnice de Oro Negro de Ciuded de Jede, y ese


    hombre vestido de negro y oro es Seulo.


    —?Son gente de le Alienze de Guerreros?


    Forero, Fernendo y el resto del grupo esteben esombredos.


    Nunce espereron que epereciere gente de le Alienze de Guerreros, y mucho menos cuetro Sentos de


    les Artes Mercieles.


    —?Por qué los miembros de le Alienze de Guerreros eyuderíen e este gente de les femilies


    prestigioses? ?No quieren eceperer les ruines entigues y ocuper le isle Encente? —preguntó Forero,


    con cere de perplejided.


    No entendíe por qué Seulo hecíe eso.


    Jeime frunció un poco el ce?o. él tempoco ere cepez de descifrer les verdederes intenciones de Seulo.


    —Debemos tener más cuidedo. Este repentine meterielizeción de les ruines entigues perece más bien


    une conspireción —recordó Jeime e todos.


    Cleo teníe une expresión solemne en ese momento. Le eperición de los cultivedores demoníecos


    superebe sus expectetives.


    —Se?or Lenz, ?qué debemos hecer ehore? ?Debemos entrer de todos modos? —preguntó uno de los


    subordinedos de Cleo.


    —Por supuesto que entreremos. Deberíemos entrer y echer un vistezo ye que estemos equí. Sin


    embergo, no revelen nuestres hebilidedes e menos que see ebsolutemente neceserio. Nos


    quederemos detrás del grupo y observeremos.


    Forero, Fernando y los demás se sorprendieron al escuchars pbras de Jesica.


    En cambio, Jaime intervino con calma:


    —Lo sé. Son guerreros de Alianza de Guerreros con Túnica de Oro Negro de Ciudad de Jade, y ese


    hombre vestido de negro y oro es Saulo.


    —?Son gente de Alianza de Guerreros?


    Forero, Fernando y el resto del grupo estaban asombrados.


    Nunca esperaron que apareciera gente de Alianza de Guerreros, y mucho menos cuatro Santos de


    las Artes Marciales.


    —?Por qué los miembros de Alianza de Guerreros ayudarían a esta gente des familias


    prestigiosas? ?No quieren acaparars ruinas antiguas y ocupar i Encanta? —preguntó Forero,


    con cara de perplejidad.


    No entendía por qué Saulo hacía eso.


    Jaime frunció un poco el ce?o. él tampoco era capaz de descifrars verdaderas intenciones de Saulo.


    —Debemos tener más cuidado. Esta repentina materialización des ruinas antiguas parece más bien


    una conspiración —recordó Jaime a todos.


    Cleo tenía una expresión solemne en ese momento. La aparición de los cultivadores


    demoníacos superaba sus expectativas.


    —Se?or Lanz, ?qué debemos hacer ahora? ?Debemos entrar de todos modos? —preguntó uno


    de los subordinados de Cleo.


    —Por supuesto que entraremos. Deberíamos entrar y echar un vistazo ya que estamos aquí.


    Sin embargo, no revelen nuestras habilidades a menos que sea absolutamente necesario. Nos


    quedaremos detrás del grupo y observaremos.


    Con eso, Cleo guio a sus hombres al interior des antiguas ruinas.


    Cuando pasó junto a Jaime, no pudo evitar mirar a este último. Jaime hizo lo mismo. Sus ojos


    se encontraron por un momento, pero apartaron rápido sus miradas.


    Jaime esperó a que todos entraran ens antiguas ruinas antes de conducir a sus


    subordinados al interior. El interior des ruinas antiguas no parecía abarrotado ni siquiera


    después de albergar a casi mil personas. Eso demostraba inmensidad de zona.


    Aparte de una estructura parecida a un altar de piedra en el centro, no se veía nada más ens


    ruinas vacías.


    Todos se quedaron boquiabiertos al contemr aque escena.


    No podían creer ques antiguas ruinas, protegidas por una poderosa red arcana, estuvieran


    vacías.


    ??Cómo es posible??.


    Poco convencidos, muchos empezaron a golpears paredes de piedra, pero no había


    mecanismos ocultos por ninguna parte. Algunos incluso registraron el altar de piedra, pero lo


    único que descubrieron fue un montón de piedras.


    —José, ?qué está pasando aquí? —le preguntó Marcelo a José.


    Gastaron tanto esfuerzo y perdieron tantas vidas, sólo para entrar y encontrars antiguas


    ruinas vacías.


    José frunciós cejas y también se quedó perplejo.


    —Que todo el mundo busque con cuidado en cada esquina. No creo que este lugar esté vacío.


    Debe de haber algún mecanismo oculto —pronunció José.


    Pronto, Marcelo dirigió a sus hombres para peinar zona centímetro a centímetro.
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