Capítulo 1918
Mientras tanto, Foreronzaba amuleto tras amuleto al cielo.
Crush...
El estruendo de los truenos se intensificó, y el suelo tembló junto cons potentes ondas sonoras.
—?Jaime, no olvides lo que he hecho por ti cuando consigas hierba de los diez mil a?os!
Para entonces, el sudor corría por frente de Forero. La magia que estaba realizando le exigía mucha
energía.
Al sentir vibración del suelo, todos aumentaron su velocidad.
Cuando Forero vio que multitud se acercaba,nzó un hechizo al suelo, haciendo que tierra se
resquebrajara en todas diriones. Parecíao si algo estuviera a punto de brotar de debajo.
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—?Está surgiendo hierba de los diez mil a?os! —Marcelo, que fue el primero en llegar al lugar, no
pudo evitar exmar emocionado.
La multitud lo siguió de cerca.
Al ver cómo el suelo subía y bajaba, sus corazones saltaron a sus gargantas e inconscientemente
apretaron con fuerza sus armas.
?Bum!
Tras el trueno, una luz brinte se elevó hacia el cielo, dispersandos oscuras nubes.
—?Ya está aquí! —Marcelo saltó eufórico y corrió hacia el rayo de luz.
Al mismo tiempo, gente que le rodeaba también corrió hacia luz. Parecía que estaban dispuestos
a renunciar a sus vidas por hierba de los diez mil a?os.
El hecho de que decidieran quedarse demostraba que se habían propuesto darlo todo.
—?Deténganlos! —Se apresuró a gritar Marcelo al ver que se acercaban.
Al instante después, sus subordinados entraron en ión e impidieron que aque gente llegara a
hierba de los diez mil a?os.
Al mismo tiempo, el anciano del séquito de familia García desprendía un aura aterradora.
Empujandos palmas des manos hacia dnte, generó una fuerza suficiente para hacer vr a
varias personas.
La destreza marcial de un Gran Marqués de Artes Marciales de Alto Nivel no era algo con lo que se
pudiera jugar.
Cada movimiento des manos y los pies del anciano era tan poderosoo un tigre feroz corriendo
monta?a abajo. Los demás ni siquiera tenían oportunidad de acercarse a hierba de diez mil a?os.
Al ver feroz fuerza del anciano, muchos del otro grupo ya no se atrevían a avanzar, y mucho menos
a considerar idea de obtener hierba de los diez mil a?os para su propio uso.
La gente de familia García formó un círculo con su maestro en el centro, proporcionándole
protión. En ese momento, Marcelo saltó en el aire y extendió mano hacia luz, atrapando un
tallo de ginseng en mano.
Emocionado, empezó a reír a carcajadas.
—?Ya tengo! ?La tengo!
Un destello de envidia y codicia brilló en los ojos de todos al contemr el ginseng en mano de
Marcelo.
Sin embargo, Marcelo no se preocupó por ellos. En su lugar, mantuvo mirada fija en José. Mientras
éste no se interesara por hierba, nadie podría arrebatárs.
Justo en ese momento, alguien de otro grupo no pudo contener su deseo por hierba y cargó contra
Marcelo, queriendo arrebatárs de mano.
—Te lo estás buscando…
Con un bufido, el anciano agitó mano con fuerza.
?Pum!
Con un simple movimiento de mano, el hombre que había intentado arrebatarle hierba murió en el
acto.
Nadie más tuvo el valor de intentar arrebatarle hierba a Marcelo. Sólo podían mirarlo con envidia.
Mientras tanto, en el otrodo, Forero volvió corriendo a reunirse con Jaime, jadeando.
—Jaime, b de tontos se lo ha tragado todo. Date prisa y llévate hierba de diez mil a?os. Me
debes una, chico. Casi me muero de agotamiento.
—No se preocupe, se?or Forero. Seguro que recordaré sus aportaciones.
Jaime sonrió a Forero antes de chasquear los dedos. Siguiendo sus movimientos, el suelo empezó a
vibrar.
Pronto, los guijarros negros empezaron a flotar en el aire uno a uno. Todos briban bajo luz de
luna.
—?Destrocen!
Con un movimiento de sus manos, los guijarros negros estaron al instante, y el conjunto arcano
establecido por Hugo se desvaneció en un instante.
En el momento en que el conjunto arcano desapareció, todo el bosque fue iluminado por una extra?a
luz.
Un Tubérculo de Flor de Lana de diez mil a?os crecía en silencio en el suelo.
El Tubérculo de Flor de Lana emitía un resndor dorado tan brinte que eclipsaba a luna.
Cuando todos vieron el Tubérculo de Flor de Lana de diez mil a?os de antigüedad, sus ojos se
abrieron de par en par, incrédulos.