Capítulo 1901
—?Por qué iba a mentirle? —preguntó Jaime.
—Ay, qué pena, qué pena.
Forero seguía golpeándose el muslo ymentándose.
Por desgracia, no podía hacer nada. Al fin y al cabo, su consumación había sido consentida.
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—?Por qué dice eso? Ni que necesitara más mujeres.
Jaime sacó a Forero del hotel.
Mientras ambos paseaban pors calles, Jaime desató su sentido espiritual y se dio cuenta de
que había muchos maestros debate por allí. Sin embargo, no se mostraban hostiles hacia
Jaime; todos estaban haciendo sus propias cosas.
Con el ce?o fruncido, Jaime siguió deambndo por calle.
Mientras tanto, en el salón de residencia de los Zepeda, in se sentaba con gesto adusto en el
asiento principal, mientras numerosos miembros de familia Zepeda se sentaban más abajo en
mesa.
—Se?or Zepeda, hay muchas caras desconocidas que han aparecido hoy en Ciudad del Norte.
Además, todos ellos son maestros debate. Incluso los más débiles de todos ellos son Marqueses
de Artes Marciales. También hay muchos Grandes Marqueses des Artes Marciales entre multitud
—informó uno de los miembros a in.
—?Sabes de dónde vienen? —preguntó in.
—No, pero algunos de ellos proceden de diversas sectas y familias prestigiosas de los alrededores de
Ciudad del Norte. No estoy seguro de los demás —respondió.
—Un recurso material de primer ordeno hierba de los diez mil a?os nunca puede ser un
secreto, ?eh?
in suspiró. Sentíao si hubiera envejecido diez a?os en un segundo.
—Papá, Ciudad del Norte es el territorio de nuestra familia. Tenemos siete Grandes Marqueses des
Artes Marciales trabajando para nuestra familia, e incluso tenemos docenas de Marqueses des
Artes Marciales. ?Por qué deberíamos tenerles miedo? ?Y qué si los que están aquí son des
grandes familias de Ciudad de Jade? La parte más fuerte tiene última pbra aquí —dijo Kenzo con
confianza.
—Se?or Zepeda, no necesita preocuparse demasiado por esto. Con nuestra capacidad, esos
visitantes no serán capaces de derrotarnos —tranquilizó uno de los ejecutivos a in.
—No me preocuparía si familia García de Región Suroeste fuera única que viniera, pero ?quién
sabe cuántas sectas y familias prestigiosas han enviado aquí a sus marqueses de artes marciales? Si
formaran una alianza para enfrentarse a nuestra familia, ?qué posibilidades crees que tendríamos de
ganar? Aunque saliéramos victoriosos y consiguiéramos hierba de los diez mil a?os, habríamos
sufrido una gran pérdida. ?Cómo vamos a proteger hierba para entonces? La hierba de los diez mil
a?os no será nada beneficiosa para nosotros cuando eso ocurra. En su lugar, será bomba de tiempo
de nuestra familia. Todos nos mirarán y estarán dispuestos a destruirnos por hierba.
Dado ques noticias sobre hierba de los diez mil a?os se habían extendidoo pólvora, in
era muy consciente de que el desastre caería sobre familia Zepeda incluso si conseguían hacerse
con hierba.
—?Qué hacemos entonces? No podemos quedarnos mirando cómo otras sectas y familias
prestigiosas se quedan con hierba, ?verdad? —se?aló Kenzo confundido.
—Por supuesto que no. Si nuestra familia no puede consegui, podríamos hacerle un favor fácil a
alguien en su lugar... —in entrecerró los ojos antes de decirle—: Encuentra forma de invitar a
Jaime aquí. Recuerda ser amable y educado. Si vuelves a enfurecer a Jaime, te romperés piernas.
—Papá, ?de qué estás hando? ?Vas a darle a Jaime hierba de los diez mil a?os? —Kenzo jadeó.
—?Qué hay de malo en dárs si no podemos consegui? Además, no vamos a conseguir hierba
de los diez mil a?os, así que en realidad no se vamos a dar. Sin embargo, si Jaime es capaz de
consegui, le estaremos haciendo un favor al ayudarle. Nos meteremos en sus buenos libros. ?No te
parece una buena idea? —explicó in.
—Pero, papá…
Kenzo iba a decir algo más, pero cerró boca al ver mirada de in.
—Cáte. ?Cuándo te crecerá un cerebro en esa cabeza tuya? Eres tan corto de vista…
Una vez reprendido, Kenzo ya no se atrevió a protestar. Así, dio media vuelta y se marchó en
busca de Jaime.
Por otrodo, in dijo a los ejecutivos:
—Ordena a todos tus hombres que investiguen los antecedentes y detalles de todos los recién
llegados a Ciudad del Norte. Quiero saber cuántos están aquí por hierba de los diez mil a?os.
—?Sí, se?or!
Los ejecutivos se marcharon.