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Cap铆tulo 1899

    Capítulo 1899


    —Papá, ?por qué haces tanto alboroto? ?Va a pasar algo aquí? —preguntó Kenzo.


    —?Pronto aparecerá aquí una hierba de diez mil a?os! —exmó in.


    —?Una hierba de diez mil a?os? —Kenzo se quedó hdo—. ?Aquí?


    —Si dedión del maestro Galván es correcta, entonces este es el lugar. Voy a ser este


    lugar para que nadie pueda llegar a él antes que yo —continuó in.


    —?Esta será oportunidad de oro de familia Zepeda! ?Una hierba de diez mil a?os? Nuestra


    familia es más que afortunada.


    Kenzo también estaba encantado.


    No muy lejos de ellos estaba Jaime, que miraba al dúo de padre e hijo Zepeda. Fue entonces


    cuando se dio cuenta de por qué in le había estado preguntando por qué estaba en Ciudad


    del Norte.


    Resultó que in sabía que hierba de los diez mil a?os iba a aparecer pronto, así que temía


    que estuviera allí para robárs.


    —Vigilen de cerca este lugar. Pasado ma?ana aparecerá hierba de los diez mil a?os. Si


    conseguimos, todos ascenderemos a grandes alturas —dijo in a los ejecutivos.


    —No se preocupe, se?or Zepeda. Aquí no podrá entrar ni un pájaro —juró uno de los ejecutivos.


    in asintió. Luego mó a Kenzo, preparándose para marcharse. Al fin y al cabo, hierba sólo


    aparecería pasado ma?ana, así que no había necesidad de que se quedaran.


    Sin embargo, justo cuando in estaba a punto de marcharse con Kenzo, se paró de repente antes


    de mirar en dirión a donde se escondían Jaime y Forero.


    —Se han fijado en nosotros —dijo Forero al notar mirada de in.


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    Sin embargo, Jaime le hizo un gesto para que se cara.


    —Sal ya. Es vergonzoso para ti esconderte ens sombras —dijo in, mirando hacia donde estaban


    Jaime ypa?ía.


    Forero miró a Jaime, y alprobar que éste permanecía quieto, hizo lo mismo.


    Mientras tanto, cuando in se dio cuenta de que nadie salía, frunciós cejas y pronunció:


    —Si no vas a salir, no tendré piedad contigo.


    Justo cuando dijo eso, los ejecutivos de familia Zepeda sacaron sus respectivas armas.


    Una b de luzenzó a brir en mano derecha de in cuando aún no recibía respuesta.


    Entonces, levantó el brazo ynzó energía hacia Jaime y Forero.


    ?Pum!


    Sonó una fuerte explosión y tierra voló por todas partes.


    Dos figuras saltaron por los aires desde un lugar no muy lejos de Jaime y Forero.


    Forero se quedó atónito ante brusca aparición des dos figuras. No sabía que había otras


    personas escondidas a su alrededor.


    Una vez que aques dos figuras se aquietaron, Jaime observó sus rostros e inspiró con


    fuerza. Resultaba ques dos figuras eran Marcelo, de familia García, de región suroeste.


    Jaime sólo había visto a Marcelo una vez, cuando se fundó Secta Duval, y nunca después.


    Esta vez, Marcelo iba pa?ado de un hombre de unos cincuenta a?os.


    Al ver as dos figuras, in entrecerró los ojos y dijo:


    —?Por qué hace algo tan turbio el prestigioso hijo de familia García?


    —Se?or Zepeda, ?qué cosas turbias he hecho yo? ?Acaso no se me permite experimentars


    necesidades humanas básicas y hacer mis necesidades en el bosque? Aunque usted sea el


    alcalde de Ciudad del Norte, no puede impedirme que c*gue, ?verdad? —replicó Marcelo en


    tono burlón.


    Jaime no pudo reprimir una carcajada al escuchar aquello.


    Por un momento, in no supo cómo responder as pbras de Marcelo.


    —Dilo ya, Marcelo. Tu casa está a cientos de kilómetros de aquí. ?Cómo has podido venir hasta


    aquí para cag*r? Yo diría que estás aquí por hierba de los diez mil a?os —gru?ó in.


    Ambos eran jóvenes e hijos de familias prestigiosas. Aunque Kenzo no era tan poderosoo


    Marcelo, estaban en Ciudad del Norte, que era territorio de familia Zepeda. De ahí que Kenzo


    no temiera a Marcelo.


    Sin embargo, in estuvo a punto de morir de un infarto cuando escuchó a su hijo har a


    Marcelo de hierba de los diez mil a?os.


    ??Es un maldito idiota??.
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