Capítulo 1841
—?Ya estoy harto de esta demostración pública de afecto! Será mejor que vuelva con mis
queridas.
Mientras Forero murmuraba eso, se dirigió de inmediato a su propia habitación.
Jaime y el grupo no se quedaron mucho tiempo en I Oso de Hielo. Embarcaron en un jet
privado rumbo a capital de Sanromán con Ana para tratar a su padre, Román.
Al principio, Forero no tenía intención de unirse al resto en el viaje. Sin embargo, después de
que Ana mencionara ques mujeres de Sanromán eran más guapas y abiertas de mente,
cambió al instante de opinión y se entusiasmó.
En cuanto el grupo llegó a Sanromán y bajó del avión, fue recibido por un gran convoy.
?Esto es increíble. Es genial formar parte de familia real?.
Text ? by N0ve/lDrama.Org.
Más de una docena de Rolls-Royce habían ido a recibir a Ana y al resto. Por no har de los
cientos de guardias que mantenían el orden en el lugar.
Una persona normal nunca habría podido conseguir un séquito tan enorme.
Sin embargo, su asombro no terminó ahí. Cuando llegaron a casa de Ana, se quedaron atónitos
a un nivel nuevo.
La casa de Ana era un castillo de más de mil hectáreas.
Las chicas quedaron hipnotizadas por el magnífico y elegante castillo del lugar. Emocionadas,
empezaron a hacerle fotoso recuerdo.
Ana dispuso que alguien ense?ara el castillo a Isabel y as chicas mientras e designaba a otro
asistente para que atendiera a Forero en privado.
A continuación, condujo a Jaime al interior para que viera a su padre.
En habitación de Román ya estaba Homero, el hermano mayor de Ana. A sudo, un hechicero que
llevaba todo tipo de tocados rociaba a Román con un líquido desconocido.
—?Qué están haciendo?
Ana se acercó corriendo y apartó de un empujón a aquel hechicero.
Homero, a su vez, se sorprendió al ver a Ana.
—?Ana! ?Cuándo volviste? —fue su única pregunta.
A decir verdad, Homero pensaba que Ana hacía tiempo que había encontrado a su creador en I
Oso de Hielo. Obviamente, aún no se había enterado des noticias des ruinas.
Ana miró a Homero con frialdad. A pesar de saber que su propio hermano había enviado a alguien
para darle caza, no podía hacer nada al respecto por falta de pruebas.
—?Qué pretendes, Homero? ?No sabes que papá está muy enfermo? —interrogó Ana.
—?Qué otra cosa podría estar haciendo si no es intentar curarlo? En lugar de atender a nuestro pobre
padre, veo que has estado ocupado jugando fuera del castillo. Me toca a mí conseguir a alguien que
trate a papá.
—?Tratarlo, dices? ?Te atreves a confiar en ese monstruoso engendro para curar a nuestro único
padre? —replicó Ana, se?ndo con el dedo al hechicero.
Homero se pusoo una fiera al mirar a Ana.
—?Cáte! Este es el mesías que he contratado en el extranjero, y puede incluso resucitar a los
muertos. Seguro que puede salvar a papá. Deja de decir tonterías o lárgate.
—Creo que no vas a tratar a papá. Al contrario ?intentas matarlo!
La rabia hirviente dentro de Ana estallóo un volcán.
??No lo entiendo! ?Por qué se le ocurriría poner a nuestro padre en peligro sólo por más poder??.
—?Qué tonterías dices? Padre se va a poner bien muy pronto, así que no sabotees esto.
?Déjanos! —reprendió Homero.
Ana se negó a cumplirs órdenes de Homero. Jamás creería que ese hermano suyo tuviera
intención alguna de curar enfermedad de su padre.
—Para que lo sepas, Ana,o papá está muy enfermo, a partir de ahora yo tendré última
pbra. Eres sólo una ni?a, y tarde o temprano tendrás que casarte. Si te portas bien, te dejaré
quedarte aquío a realeza; pero si pones a prueba mi paciencia, Ana, ?no me culpes por
no mostrar piedad contigo!
El semnte de Homero era tan sombríoo muerte, pues parecía haberse enemistado por
completo con su hermana.
Aun así, Ana insistió:
—?No! Veré por mí misma cómo tratas a papá.
Al ver resolución de Ana, Homero dejó de manda hacia puerta. Se volvió hacia el
hechicero y le dijo:
—Por favor,ience el rito, se?or. Debe salvar a mi padre.
Mientras haba, dirigió al hechicero una mirada significativa.
A pesar de lo sutiles que parecían ser los movimientos de Homero, Jaime ses arregló para
darse cuenta de lo que el dúo estaba tramando.
Justo cuando el hechicero estaba a punto de llevar a cabo el ritual, Homero dirigió una mirada
gélida a Jaime. Estaba ro que no le preocupaba presencia de éste.