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Cap铆tulo 1679

    Capítulo 1679


    Aunque al principio Jaime se mostró bastante reacio, idea de que Evangelina no era diferente


    de una maria disipó todas sus preocupaciones.


    Después de descansar unos días en residencia de los Duval, casi todas sus heridas se


    curaron.


    neó llevar a Evangelina a Secta del Dios de Medicina para ver si había alguna píldora


    que pudiera cura.


    Después de todo, Secta del Dios de Medicina era capaz de crear píldoras de alto nivel con


    el Caldero Divino.


    Sin embargo, justo cuando Jaime estaba a punto de llevar a Evangelina a Secta del Dios de


    Medicina, alguien le informó de repente de que había una chica fuera solicitando ver a Jaime.


    Jaime se sorprendió, pues no entendía por qué una chica venía de repente a buscarle.


    Cuando salió, se dio cuenta de que era Astrid.


    Al verlo, Astrid le acarició meji.


    —Hace unos días que no me ves. ?Me echas de menos?


    No hizo caso en absoluto al consejo de Fernando.


    Jaime retrocedió unos pasos y preguntó con torpeza:


    —?Por qué me buscaba, se?orita Gabaldón?


    —No soy yo quien te busca. A mi padre le gustaría invitarte a residencia Gabaldón —aró Astrid.This is the property of N?-velDrama.Org.


    Sabiendo que algo debía de haber pasado para que Fernando lo invitara, Jaime dijo:


    —?De acuerdo! Vamos…


    Sin decir nada más, Jaime abrió puerta del coche y entró en él.


    Sonriendo, Astrid entró en el coche y se sentó también en el asiento trasero.


    —Empieza a conducir —le ordenó al conductor mientras se apretaba contra Jaime.


    Jaime no sabía qué hacer. Con Astrid sentada a su izquierda y Evangelina a su derecha, estaba


    atrapado en medio des dos, sin poder moverse.


    Después de que el coche se alejara, una mirada apenada apareció en el rostro de Isabel, de pie en el


    patio de residencia Duval.


    —Ya te he dicho que Jaime es un hombre excepcional. Habrá muchas chicas que se encaprichen de


    él en el futuro. Si continúas siguiéndolo, debes aceptar esa realidad... —le aconsejó con calma


    Ramón, que estaba junto a Isabel.


    Isabel esbozó una sonrisa.


    —Puedo aceptarlo, se?or Duval. No se preocupe…


    Mientras tanto, Astrid se apoyaba con insistencia en el cuerpo de Jaime.


    él no se atrevía a moverse ni lo más mínimo, ya que si lo hacía tocaría su cuerpo. Al notar lo rígido


    que estaba, Astrid se burló de él con una sonrisa:


    —?Me tienes miedo? Has visto cada centímetro de mi cuerpo, así que no pasa nada, aunque me


    toques. Ya te he dicho que me gustas y que haré lo que sea por tenerte…


    Después de decir eso, Astrid inclusonzó una mirada provocadora a Evangelina.


    Las mujeres eran así. A pesar de que los ojos de Evangelina estaban apagados porpleto


    como los de una maria, Astrid seguía viéndo una rival.


    —Se?orita Gabaldón, sé que le gusto, pero no quiero pensar en ello por el momento. Además,


    ya tengo novia... —explicó Jaime con torpeza.


    —He dicho que me da igual. De todas formas, tienes más de una novia, así que no importa si yo


    también me uno as fs.


    Mientras Astrid haba, llegó a apoyar cabeza en el hombro de Jaime.


    Jaime no pudo hacer otra cosa que dejar que se apoyara en él. Cerró los ojos y recitó


    mentalmente el conjuro tranquilizador.


    De lo contrario, no podía garantizar que pudiera contenerse y no aprovecharse de Astrid allí


    mismo.


    Al fin y al cabo, era un hombre normal.


    Justo cuando estaba recitando el encantamiento calmante, de repente sintió que alguien


    también se apoyaba en su hombro derecho.


    Cuando abrió los ojos para mirar, se dio cuenta de que era Evangelina. Aunque sus ojos


    seguían sin vida, estaba imitandos iones de Astrid y apoyaba cabeza en su hombro.


    Eso sorprendió mucho a Jaime. Si Evangelina había desarrodo sentimientos, eso


    demostraba que se estaba recuperando poco a poco.


    El chófer se llenó de envidia al ver cómo Jaime estaba rodeado de dos chicas guapísimas,


    aunque con cara de tormento.
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