Capítulo 1595
Muchos supervisores de sectas y familias prestigiosas ya habían llegado al vestíbulo de
Alianza de Guerreros. Algunos chaban y otros sorbían su té sin expresión alguna en el
rostro.
Parecía que no esperaban con impaciencia reunión. De hecho, parecía que les molestaba.
La alianza había estado celebrando demasiadas reuniones últimamente, y los temas de cada
reunión giraban en torno a asuntos triviales.
Por eso esta gente estaba harta.
—?El Presidente Zapata ha llegado!
Con ese grito, Sion entró en el vestíbulo.
Todos cerraron boca al instante y se sentaron en sus lugares.
Una vez que Sion tomó asiento, recorrió con mirada ambosdos, sólo para darse cuenta de
que los Duval no estaban presentes. Sion se quedó hdo.
Edgar no estaba, así que Sion no se atrevió a anunciar elienzo de reunión. Por lo tanto,
todos siguieron sentados en silencio.
Pronto pasó media hora, pero seguía sin haber rastro de los Duval. Muchos empezaban a
impacientarse.
—Presidente Zapata, ?qué estamos esperando? Todo el mundo está aquí, así que dese prisa y
díganos qué está pasando —le dijo uno de ellos a Sion, irritado.
—Se?or Líbano, esperemos un poco más —le dijo Sion al hombre irritado.
—?Hmph!
El hombre se burló y no tuvo más remedio que volver a sentarse.
Owned by N?velDrama.Org.
El hombre, Héctor Líbano, tenía un aura poderosa. Estaba ro que ya era un Marqués de Artes
Marciales de fase avanzada, o de lo contrario no se atrevería a har a Sion de esa manera.
Sin embargo, volvieron a pasar más de diez minutos, y Edgar seguía sin aparecer.
—Presidente Zapata, ?qué estamos esperando? No tengo tiempo para seguir esperando así —dijo
Héctor, empezando a sentirse enojado.
—Tiene razón. No quiero seguir perdiendo el tiempo aquí.
—Dese prisa y diga lo que tenga que decir. ?A qué pez gordo estamos esperando?
Los demás también empezaban a sentirse disgustados.
Ante eso, Sion frunciós cejas mientras gotas de sudor fríoenzaban a formarse en su frente.
—Se?or Líbano, estoy esperando a los Duval, pero hoy van bastante retrasados —respondió Sion a
Héctor.
—?Los Duval? Héctor se puso rígido. —?Nunca hemos invitado a los Duval as últimas reuniones.
Además, ?es Rigoberto todavía lo bastante digno para asistir as reuniones??.
Héctor estaba descontento con situación, por lo que su voz fue bastante alta al protestar.
—Si yo no soy digno de hacerlo, ?lo eres tú?
Justo en ese momento, Rigoberto entró deambndo en s. Edgar iba detrás de él, vestido con
una túnica negra.
Sion al final dejó escapar un suspiro de alivio al ver a Edgar.
Sin embargo, furia de Héctor aumentó cuando vio a Rigoberto entrar en habitación. Al segundo
siguiente, se mofó:
—Rigoberto, nunca pensé que seguirías siendo tan orgulloso. ?No sabes que tu familia ya no es
poderosa familia Duval que solía ser? Conoce tu lugar, y aprende que ya no tienes derecho a har
aquí. Así que, ?sé inteligente y abandona s de inmediato!
Enfurecido pors pbras de Héctor, Rigoberto miró con intensidad a Héctor.
—?Te reto a que vuelvas a decir eso! —Edgar dio un paso lento y deliberado hacia dnte
mientras fijaba su despiadada mirada en Héctor.
—Edgar, los adultos están hando. Los jóvenes no deben interrumpir en esto, son unos
maleducados... —amonestó Héctor.
La expresión de Edgar se volvió fría mientras se buba.
—Ja, tonto.
Con eso, Edgar desapareció de su sitio. Entonces, un crujido audible resonó en zona.
El cuerpo de Héctor fuenzado por los aires, y tenía una marca visible de hue de una
mano en meji.
Una vez que aterrizó, Héctor se cubrió meji con incredulidad.
—Mocoso, ?cómo te atreves a pegarme?
Enfurecido, Héctor dejó escapar una fuerte aura. Luego saltó en el aire y se dirigió hacia Edgar.
Edgar le abofeteó dnte de todos, y eso fue una abodura en el orgullo de Héctor ante que
no iba a carse.
—Insecto rastrero.
Edgar chasqueó lengua y agitó mano. De inmediato, Héctor se quedó inmóvil. Luego,
como si hubiera sido golpeado por un poderoso ataque, Héctor cayó en picado.