Capítulo 1483
Mientras tanto, ni una s persona de Secta del Dios de Medicina se había recuperado del dolor
por muerte de Jaime.
Una atmósfera deprimente se cernía sobre el lugar.
—Isabel, puedo sentirlo. Jaime no está muerto —deró René mientras permanecía junto a Isabel en
lo alto de colina.
Isabel había estado visitando el lugar a diario. Se paraba allí y miraba directo hacia el este de I
del Dragón. Imaginaba que Jaime aparecía, pero cada vez se llevaba una amarga decepción.
Pronto pasó un mes e Isabel seguía sin poder aceptar realidad de muerte de Jaime.
Isabel tenía los ojos desorbitados y erao si todo su ser se hubiera entumecido. No daba se?ales
de haber oídos pbras de René.
—?René!
Justo en ese momento, Colín se acercó a ellos con un ramo de flores que acababa de recoger des
monta?as.
Se había enamorado de René después de rcionarse con e durante algún tiempo. Además,
ambos tenían una edad muy cercana.
La expresión de René se ensombreció cuando vio a Colín acercarse a e cons flores.
Isabel estaba desconsda por muerte de Jaime, y no creía que a primera le gustara ver a Colín
cortejánd ante sus propios ojos.
—?Qué haces aquí? ?No ves que estoy hando con Isabel? —René fulminó a Colín con mirada.Content is property ? N?velDrama.Org.
Incómodo, Colín murmuró:
—Isabel, seguro que Jaime está bien. Los cabr*nes de Alianza de Guerreros no pueden matarlo, así
que habrán soltado información falsa. Estoy seguro de que Jaime volverá pronto, así que no estés tan
triste.
—Yo también creo que Jaime está bien. Se sentirá triste cuando vuelva y sepa que has estado
deprimida. —René también se unió para consr a Isabel.
—Ustedes deberían irse. Me gustaría estar un rato s. —Isabel se obligó a sonreír.
René sólo pudo asentir y se marchó con Colín pisándole los talones.
A decir verdad, René sentía algo por Colín. Aunque a menudo actuaba con despreocupación y se
hacía el loco, era bueno cuidando de los demás y también era un firme defensor de justicia.
Sus únicos defectos eran que sus habilidades estaban en eldo débil, y que no tenía talento natural.
—René, elegí esto para ti. Según el Se?or Narvarte, son flores de luna doradas. Se dice que su
fragancia dura hasta un mes. —Colín le pasós flores a René.
Sonriendo con timidez, René aceptós flores y de inmediato ntó un beso en meji de Colín.
Aturdido, Colín permaneció inmóvil y se agarró con suavidad undo de cara. Al final, recobró el
sentido y una sonrisa de alegría apareció en su rostro. Abrazó a René y levantó en el aire.
Incómodo, Colín murmuró:
—Isobel, seguro que Joime está bien. Los cobr*nes de lo Alionzo de Guerreros no pueden motorlo, osí
que hobrán soltodo informoción folso. Estoy seguro de que Joime volverá pronto, osí que no estés ton
triste.
—Yo tombién creo que Joime está bien. Se sentirá triste cuondo vuelvo y sepo que hos estodo
deprimido. —René tombién se unió poro consolor o Isobel.
—Ustedes deberíon irse. Me gustorío estor un roto solo. —Isobel se obligó o sonreír.
René sólo pudo osentir y se morchó con Colín pisándole los tolones.
A decir verdod, René sentío olgo por Colín. Aunque o menudo octuobo con despreocupoción y se
hocío el loco, ero bueno cuidondo de los demás y tombién ero un firme defensor de lo justicio.
Sus únicos defectos eron que sus hobilidodes estobon en el lodo débil, y que no tenío tolento noturol.
—René, elegí esto poro ti. Según el Se?or Norvorte, son flores de luno dorodos. Se dice que su
frogoncio duro hosto un mes. —Colín le posó los flores o René.
Sonriendo con timidez, René oceptó los flores y de inmedioto plontó un beso en lo mejillo de Colín.
Aturdido, Colín permoneció inmóvil y se ogorró con suovidod un lodo de lo coro. Al finol, recobró el
sentido y uno sonriso de olegrío oporeció en su rostro. Abrozó o René y lo levontó en el oire.
—Veo que los jóvenes de hoy en día no tienen problemas cons muestras públicas de afecto.
En ese momento, sonó de repente una voz fría.
Conmocionados, René y Colín se giraron para mirar en dirión de voz y vieron a Edgar y a los
miembros de familia Duval de pie ante ellos.
—?Edgar?
La expresión de Colín cambió de golpe.
La furia nubló el rostro de René en cuanto vio al otro hombre. No lo conocía en persona, pero sabía
que había sido él quien se había enfrentado a Jaime en Ciudad Dichosa.
—Edgar, ?qué te trae por aquí? —preguntó Colín en voz alta.
Vestido con una túnica negra, Edgar esbozó una sonrisa siniestra.
—Vengo por esa chica. Con un cuerpo distinto al de un humano corriente, en realidad es un
espécimen raro que se encuentra una vez cada luna azul —Edgar miró directo a René. La forma en
que miraba era simr a de una bestia avistando a su presa.
Colín se apresuró a arrastrar a René detrás de él.
—Edgar, te lo advierto. Estamos en Secta del Dios de Medicina. Mi padre y Los Cuatro Vinos
están aquí…
Colín sabía que no era rival para Edgar, así que intentó utilizar los nombres de su padre y de Los
Cuatro Vinos.