Capítulo 1449
Sin embargo, Edgar no pareció escuchar su advertencia. Continuó su camino hacia el trono. Sus ojos
estaban llenos de emoción mientras se acercaba.
?Boom!
Justo cuando Edgar llegó al trono y estaba a punto de poner mano sobre él, fue rechazado por un
destello de luz nca.
Todo su ser cayó con fuerza al suelo. Al instante, su rostro palideció.
?La repentina oleada de poder parecía haberlo herido!
—Esta es una oportunidad de oro…
Heliodoro, que había estado vigndo a Edgar, supo que había llegado su oportunidad de golpear. Sus
ojos briron con impaciencia.
Heliodoro levantó palma de mano, y una tremenda aura se precipitó hacia Edgar.
Ese único movimiento de palma de Heliodoro encarnaba toda su energía marcial, y se dirigía a
cara de Edgar. Estaba ro que Heliodoro pretendía matar de un solo golpe.
Edgar se sobresaltó e intentó ponerse en pie para defenderse. Por desgracia, los dos hombres
estaban demasiado cerca, y Heliodoro ya estaba dnte de él antes de que se diera cuenta.
Edgar estaba a punto de ser golpeado por palma de Heliodoro cuando Salvador saltó en el aire y
envió su palma en dirión a Heliodoro.
?Boom!
El sonido atronador retumbó en todo el pcio.
El cuerpo de Heliodoro salió despedido hacia atrás, golpeándose contra pared en el siguiente
segundo. Empezó a vomitar sangre, y su brazo temba. En ese momento, Edgar se levantó y puso
cara de furia al ver que Heliodoro intentaba emboscarlo.
—Edgar, ?intentas que nos maten a todos? No puedes tocars cosas de aquí. Si se te ocurre activar
alguna trampa, ?todos pereceremos aquí! —lo amonestó Sion con fastidio.
Content protected by N?v/el(D)rama.Org.
Sin embargo, Edgar no pudo molestarse con Sion. En cambio, miró con frialdad a Heliodoro.
—?Heliodoro, cabr*n! ?Cómo te atreves a emboscarme? Voy a matarte hoy mismo…
El aura dentro de Edgar se volvió demasiado poderosa, y un brillo negro apareció por todo su cuerpo.
Estaba lleno de ira.
Heliodoro sabía que su primer ataque a Edgar sería también el último. Ahora que había perdido
oportunidad, sabía que moriría con seguridad.
—Edgar, eres basura en el mundo des artes marciales de Ciudad de Jade. Pensar que los Duval
son una secta poderosa. Sin embargo, te has convertido en un Cultivador Demoníaco. La Alianza de
Guerreros son aves de misma pluma. ?Cómo pueden marse artistas marciales?
Sabiendo que no iba a salir vivo de aque situación, Heliodoro decidió decir lo que pensaba y los
rega?ó.
—En realidad lo estabas buscando…
Edgar entrecerró los ojos, levantó palma de mano ynzó una inmensa aura en dirión a
Heliodoro. Antes de que Heliodoro pudiera reionar, salió vndo una vez más.
A juzgar por expresión de su rostro, le dolía mucho. Heliodoro intentó ponerse en pie, pero no pudo.
Sin embargo, eso no le impidió arremeter contra el grupo.
—Edgar, mátame si puedes. Escoriaso todos ustedes recibirán el justo castigo en cuestión de
tiempo —rugió Heliodoro a Edgar con los dientes apretados.
Una sonrisa apareció en el rostro de Edgar, que caminó con lentitud hacia Heliodoro.
—Te estás haciendo el duro,o siempre. No te concederé una muerte rápida. Me tomaré mi tiempo
y te torturaré hasta que mueras…
Justo cuando terminó de har, una b de nie negra surgió de palma de mano de Edgar y
fue directa al cuerpo de Heliodoro.
En ese instante, Heliodoro sintió un insoportable picor por todo su cuerpo. ?Hasta los huesos le
picabano si hubiera miles de hormigas arrastrándose entre ellos!
—?Ah!
Heliodoro empezó a retorcerse en el suelo en se?al de agonía.
Edgar, por su parte, admiraba su obra con sorna. Sion ni siquieranzó una mirada a Heliodoro. Lo
que le ocurriera a Heliodoro no tenía nada que ver con él. Lo único que le importaba eran los objetos
mágicos de aquel pcio.
En especial le interesaba el trono. Antes, el conjunto arcano activado por ese trono habíanzado a
Edgar a una distancia considerable. Sion nunca había experimentado un aura tan poderosa.
Con los ojos puestos en el trono, Sion lo escudri?ó con calma y esperó encontrar una forma de
neutralizar matriz arcana. También le cautivó escultura de sireno que había en el trono. Cuando
Sion miró a los ojos a escultura, siguió sintiendo una sensación de hielo en su interior.