Capítulo 1425
La cara de Edgar se depuso al ver que Jaime se tragaba el núcleo de bestia.
—Se?or Duval, ya que Jaime se ha tragado el núcleo de bestia, pasemos por alto esto y
sigamos adnte. Además, está jugando con sus propias res, y me temo que no puedo
estar de acuerdo con eso —dijo Astrid mientras daba dos pasos hacia adnte.
—E tiene razón. ?A dónde quieres llegar? Aunque el Juicio haya sido organizado por los
Duval, no puedes tomarnos por tontos…
—Así es. ?Por qué tenemos que dejar que los Duval lo decidan todo? ?Qué será de nosotros
entonces? ?Estamos ahora a merced de los Duval?
—Olvídalo. Voy a volver si insisten en seguir adnte. ?Maldita sea! Es sólo un evento anual.
?Por qué seplica esto ahora?
Mientras Astrid expresaba sus preocupaciones, muchos otros siguieron su ejemplo.
Era costumbre ens pruebas pasadas que los recursos o tesoros obtenidos durante el evento
pertenecieran a quienes luchaban por ellos. Sin embargo, con reciente deración de Edgar,
todo el botín iría a parar al Duval antes de ser distribuido a otros a su absoluta discreción. De
este modo, nadie lucharía con gusto en prueba.
El rostro de Edgar se ensombreció cuando se percató des oleadas de protestas que venían
hacia él. Al final, entrecerró los ojos ynzó una mirada de daga a Jaime.
—Espera, Jaime. La I del Dragón se va a convertir en tu tumba.
Edgar se marchó nada más terminar de har mientras Jaime seguía a Heliodoro de vuelta a
habitación.
—Jaime, parece que estarás en grave peligro durante esta prueba —dijo Heliodoro con solemnidad.
—No te preocupes por ello. Me he anticipado a esto.
Jaime sonrió. Sabía que Edgar lo tendríao objetivo. Sin embargo, no tenía miedo del hombre.
Estaba seguro de que podría enfrentarse al Cultivo Demoníaco de Edgar. Su actitud patética en
cubierta era sólo un espectáculo.
Jaime quería que Edgar bajara guardia para poder derrotarlo de un solo golpe mortal.
De hecho, no se sentía amenazado por Edgar en absoluto. Le preocupaban más los cuatro hombres
de Alianza de Guerreros que habían aparecido. Si decidían aliarse con Edgar, Jaime calcba que
sería difícil enfrentarse a ellos.
Después de un día de navegación, el barco por fin atracó en I del Dragón. La oscuridad se
deslizó poco a poco por el cielo mientras el sol se ponía.
En ese momento, I del Dragón parecía estar llena de vida.
Aunque ya era invierno, I del Dragón parecía disfrutar de primavera durante todo el a?o.
No es de extra?ar que i fuera un punto de interés turístico. Sin embargo, en ese momento no
había ni un solo turista en i, por disposición de los Duval.
Jaime se desanimó al pisar i. Era tercera vez que llegaba a i. Pensó que René también
debería estar en i. Sin embargo, Jaime no tenía ni idea de su paradero exacto.
Esta vez no esperaba conseguir ningún recurso para el Juicio. Su principal objetivo era localizar a
René y ver si podía llevárs.
Con ese pensamiento en mente, Jaimeenzó a exudar su sentido espiritual a los rincones más
profundos y sórdidos de I del Dragón.
Mientras su sentido espiritual viajaba a lorgo y ancho, no pudo evitar fruncirs cejas.
Jaime se dio cuenta de que había espesas nubes de energía espiritual que burbujeaban desde el
subsuelo. Es más, abarcaba un área bastante grande.
??Podría ser que hubiera ruinas antiguas debajo de I del Dragón??.
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Jaime estaba perplejo. Al fin y al cabo, ?era primera vez que descubría un depósito de energía
espiritual tan grande! Sin embargo, no había sido capaz de percibir enorme reserva de
energía espiritual durante sus dos visitas anteriores a I del Dragón.
Jaime supuso que se debía a presencia del Dragón de Hielo y el Dragón de Fuego, ya que su
presencia había atraído atención de todos.
—?Qué ocurre, Jaime?
Heliodoro notó que Jaime fruncía el ce?o y preguntó.
—Oh, nada…
Jaime retrajo su sentido espiritual y sonrió.
Pronto, todos bajaron del barco y subieron a i. Había cientos de personas. Se reunieron
según su círculo social y charon entre ellos. La prueba era peligrosa, después de todo, y
sería prudente rcionarse con los demás para que los conocidos que se hicieran pudieran ser
de ayuda a lorgo de su precario viaje.
Sólo Heliodoro estaba junto a Jaime en ese momento. Los dos parecían ser los raros de
multitud que socializaba.