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Cap铆tulo 1303

    Capítulo 1303


    El cuerpo de Amon seguía estremeciéndose y su rostro se contorsionaba con agonía. Parecía que


    estaba sufriendo un dolor insoportable.


    —Ustedes, Cultivadores Demoníacos, también deberían probar lo que se siente cuando te drenan


    energía y los poderes…


    En ese momento, expresión del rostro de Jaime era fría y cruel. Pronto, el cuerpo de Amon empezó


    a encogerse y a arrugarse hasta que todo lo que quedó fue un peque?o montón de piel y huesos en el


    suelo.


    Tras presenciar espantosa muerte de Amon, los tres hombres restantes se sumieron en un silencio


    aturdidor.


    Siempre habían recurrido a absorción de esencia de otros para aumentar su fuerza, pero nunca


    se les pasó por cabeza que llegaría el día en que les drenarían sus poderes.


    Jaime chasqueó con suavidad el dedo y una b de mas azules cayó sobre el cadáver de Amon,


    reduciéndolo De inmediato a nada.


    Temndoo una hoja, Bes se volvió hacia Jaime y le dijo:


    —J…Jaime, no te guardamos ningún rencor ni enemistad. Espero que puedas dejarnos ir. A quien


    buscas es a Alianza de Guerreros, ?y nosotros no somos parte de ellos!


    —?Dónde está Sion? —preguntó Jaime con frialdad.


    Bes negó con cabeza.


    —Yo tampoco lo sé. Quizá esté en el patio trasero.


    Contemndo al tríopletamente agitado, Jaime hizo un gesto con mano y retiró el Espacio


    Restringido.


    —Llévenme ahora a mazmorra de Alianza de Guerreros —les dijo.


    —Nosotros... No sabemos cómo abrirs puertas de mazmorra. El presidente Zapata siempre fue el


    que nos hizo entrar —respondió Bes, con voz apenas por encima de un susurro.


    Con un tono gélido, Jaime replicó:


    —Lo único que tienes que hacer es llevarme allí. Ques puertas se puedan abrir o no, no es asunto


    tuyo.


    Mirando a Jaime, Bes preguntó:


    —Entonces, si te llevamos allí, ?puedes dejarnos ir?


    En cuanto esas pbras salieron de losbios de Bes, los ojos de Jaime briron con intenciones


    asesinas.


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    —?Estás negociando conmigo?


    Entonces, palma de mano de Jaime brilló con luz dorada mientras agarraba a Bes.


    Antes de que Bes pudiera reionar, Jaime lo había agarrado, y energía marcial de su cuerpo


    empezó a drenarse De inmediato. En decenas de segundos, todo lo que quedaba de Bes era un


    montón de huesos.


    Chico y Darío estaban tan horrorizados que casi se orinan encima. No pudieron evitar maldecir a Sion


    para sus adentros.


    ??Qué oponente tan poderoso! ?Sion nos manda a los cuatro a muerte mientras él no aparece por


    ningúndo!?.


    Fijando su mirada en Chico y Darío, Jaime pronunció con frialdad:


    —Ustedes dos me llevarán allí.


    —Sí, por supuesto…


    Asintieron enérgicamente y condujeron a Jaime al patio trasero.


    Ninguno de los dos se atrevió a hacer ningún movimiento brusco. Después de conducir a Jaime hasta


    un tramo de roca artificial, se?ron una abertura ens rocas y dijeron:


    —Este es el camino a mazmorra…


    —Ustedes entren primero —dijo Jaime mientras se?ba entrada de cueva.


    No se atrevieron a decir nada, y se dirigieron directo hacia dentro mientras Jaime les seguía. No


    habían ido muy lejos cuando vieron un enorme par de puertas.


    Las puertas eran de color bronce, y en es estaban tadas dos cabezas de león. Tenían un aspecto


    bastante aterrador.


    —No sabemos cómo abrir estas puertas. Sólo el presidente Zapata puede abris —dijo Chico con


    voz temblorosa.


    Jaime estudiós puertas por un momento, luego se acercó y colocó una palma sobre es. Pensando


    en extender su sentido espiritual en mazmorra para investigar, una ráfaga de sentido espiritual


    brotó. Sin embargo, justo cuando apareció, algo pareció bloquear su camino.


    Aunque su sentido espiritual no estaba cortado, no había forma de que entrara en mazmorra.


    Jaime levantó mano, y con su palma iluminando una luz dorada, golpeó con fuerzas puertas.


    Había usado mucha fuerza, pero, aun así, no pasó nada después de golpears puertas.


    Ni siquiera hubo un sonido. Erao si fuerza que había ejercido hubiera desaparecido al tocars


    puertas.


    Arrugandos cejas, Jaime volvió a golpears puertas con palma de mano.


    Aunque el sudor empapaba frente de Jaime después de repetir ión varias veces,s puertas


    seguían sin ceder lo más mínimo.
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