Capítulo 1275
—Jaime... Jaime…
Lizbeth ys otras dos chicas gritaron al estar demasiado emocionadas y sorprendidas al verlo.
No podían creer lo que veían cuando vieron que era Jaime.
Lizbeth temba y tenía voz ronca.
Cuando los dos miembros de familia Noguera escucharon que el hombre era nada menos
que Jaime, ?sus rostros se tornaron pálidos!
—Tú... ?Tú eres Jaime? ?No estás ya muerto? —preguntó uno de los Noguera con voz
temblorosa.
—?Estaba muerto, pero he vuelto a vida!
Había una sonrisa juguetona en el rostro de Jaime mientras se acercaba a ellos poco a poco.
—?No se acerquen más o les haré da?o!
Los dos Noguera sometieron rápidamente a Lizbeth y as otras chicas con intención de
utilizaso rehenes. Sin embargo, Jaime no se detuvo. En su lugar, continuó avanzando.
—Dejen que se vayans tres y los dejaré vivir. Si se atreven a da?as, aunque sea un
mechón de pelo, ?haré que deseen estar muertos!
La voz de Jaime era tranqu y contrda, ?pero cada pbra infundía miedo en los corazones de los
dos hombres Noguera!
—Quédate ahí. No te acerques más... —Uno de los Noguera entró en pánico y tembló.
Aunque era un Gran Maestro des Artes Marciales, ?se sentía aterrorizado!
—?Haces oídos sordos a mis instriones? Te pedí ques dejaras ir…
La expresión de Jaime se volvió oscura, y en un instante, ?parecía un asesino a punto de atacar!
Una ráfaga de viento pasó junto a Jaime, trayendo consigo el aura de su intención de matar que
exudaba hacia los dos hombres de Noguera. Los dos hombres temron, sintiéndoseo si
hubieran caído en agua hda.
—Déjes ir... —De repente, Jaime soltó un rugido atronador.
Conmocionados, los dos hombres soltaron as chicas y cayeron arrodidos en el suelo con un golpe
seco.
Lizbeth ys otras chicas corrieron a esconderse detrás de Jaime.
—No nos mates. Sólo estamos obedeciendo órdenes... —Los dos Nogueraenzaron a suplicar por
sus vidas.
En ese momento, los dos Grandes Maestros des Artes Marciales se habían convertido en peque?os
ni?os asustados que suplicaban a Jaime que los dejara libres.
Sin mover un dedo, Jaime había derribado dignidad de los dos hombres sólo con el aura que
emanaba de su cuerpo.
—Ya he dicho que, sis dejas ir, te dejaré ir a ti también…
—?Ya puedes irte y decirle a Demetrio que ma?ana estaré en persona en su puerta para vengarme! —
Jaime habló con un tono gélido.
Al oír eso, los dos hombres de Noguera se dieron vuelta y huyeron. Estaban tan asustados que se
apresuraron a salir sin dudarlo.
—Jaime…
Cuando los dos Noguera se fueron, Lizbeth se enterró en los brazos de Jaime. No pudo evitar
ques lágrimas empezaran a rodar por sus mejis. Mientras Lilia observaba a Jaime
abrazando a Lizbeth, experimentó emociones que no podían describirse con pbras.
E también quería echarse en los brazos de Jaime, al igual que deseaba tener a alguien en
quien apoyarse. Sin embargo, eso no era para e. Pors experiencias que había vivido desde
su infancia, se había hecho más fuerte que mayoría des chicas.
—No llores, por favor. Mira, estoy bien.
Jaime consoló con suavidad a Lizbeth.
—Pensé que en verdad habías muerto y no quería seguir viviendo. Quiero estar contigo... —dijo
Lizbeth mientras lloraba.
—No voy a morir, así nada más. Todavía no me he acostado con mujeres hermosas, así que no
estoy preparado para morir... —dijo Jaime bromeando.
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Ante eso, Lizbeth se sonrojó y le dio un suave pu?etazo.
—No digas tonterías. No estamos solos…
—Ya está bien. Deberían dejar de coquetear porque tenemos que apresurarnos a volver a casa,
o el se?or Duval empezará a preocuparse. —Magnolia no pudo soportar más en ese momento,
así que habló.
—?Está el Se?or Duval aquí también?
Jaime se quedó bastante sorprendido. Al fin y al cabo, Ramón había perdido sus poderes y se
había convertido en una persona corriente. Era peligroso para él estar en Ciudad de Jade. Si los
Duval descubrían su paradero, seguramente lo secuestrarían y lo torturarían.