Capítulo 1203
A pesar de estar al mismo nivel, estaba ro que no era rival para ellos.
La multitud empezó a burse de Rafael al ver lo mal que estaba.
—Todavía es joven. Por eso no entiende que los guerreros del mismo nivel pueden tener diferentes
niveles de habilidades debate.
—?Cómo se atreve a desafiarlo cuando acaba de llegar a otro nivel? Solo está cavando su propia
tumba.
—Incluso cuando Canelo permaneció en el rango de semimarqués des Artes Marciales durante más
de una década, ya era un guerrero invencible.
Todos se buron de Rafael, haciendo que se sintiera avergonzado.
—Ustedes, los del mundo des artes marciales de Vi Monarca, ?es todo lo que tienen? —Canelo
miró de reojo a Gonzo y a los demás y continuó—: Si no tienen nada, ?lárguense! Los eliminaré si
vuelven a pisar nuestras tierras.
Gonzo y los demás se agitaron ante amenaza de Canelo.
—No puedes juzgar el mundo des artes marciales de Vi Monarca solo por un ni?o. Tú y yo...
luchemos, ?de acuerdo?
En ese momento, un anciano con una túnica nca salió de entre multitud.
El anciano tenía más o menos edad de Canelo, pero su cabello y su barba se habían vuelto grises.
Al ver al hombre,s expresiones de los rostros de Canelo y de los demás miembros de Aldea Vil
empezaron a volverse sombrías.
Podían percibir que el anciano había alcanzado el rango de Marqués des Artes Marciales.
Aunque no fuera un marqués des artes marciales, podría estar esperando una oportunidad para
avanzar al siguiente nivel.
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Canelo miró al anciano con el ce?o fruncido y al instante, supo que no era rival para este.
—?Qué esperas, Canelo? Vamos. Ustedes, los de Aldea Vil, podrían ayudarme a pasar al siguiente
nivel —se mofó el anciano mientras fijaba su mirada en Canelo.
Canelo, con cara de pocos amigos, se quedó quieto porque sabía que no había forma de derribar a su
oponente.
—?Si no vas a dar el primer paso, empezaré yo!
El anciano empezó a reunir el aura de su cuerpo y, en un abrir y cerrar de ojos, se vio envuelto en un
humo nco. Su aura era tan poderosa que hizo que su cabello gris y surga barba flotaran en el
aire.
Como un inmortal que descendía a tierra, el anciano siguió exudando el aura de su cuerpo.
—Vuelve aquí, Canelo. Yo me encargaré de él. —Ondo se adntó y le pidió a Canelo que se
retirara.
Ondo no se atrevió a subestimar al anciano. Disparó dagas a su oponente mientras recogía el aura
de su cuerpo.
—Tienes casi sesenta a?os y sigues siendo un semimarqués des artes marciales. ?Qué te hace
pensar que eres mejor que los demás? —Ondo se burló mientras miraba al anciano.
—?Maldito seas! —gritó el anciano con rabia y al instante expulsó energía que había reunido.
Odiaba que alguien se bura de él de esa manera. Había sido un semimarqués des artes
marciales de alto nivel durante a?os, pero no había conseguido ascender al rango de marqués des
artes marciales.
El acto de Ondo de echar sal en herida lo agitó aún más.
El anciano se abrió paso entre multitud y se situó frente a Ondo con un chasquido de dedos.
Levantó los pu?os hacia el cielo, provocando una ráfaga de viento en el aire. De repente, surgió una
tormenta de arena que envolvió el brinte y soleado cielo.
Con todas sus fuerzas, el anciano reunió su energía marcial.
Sabía que tenía que darlo todo porque su oponente era Ondo, un marqués des artes marciales.
El anciano no se atrevió a tomar el camino más fácil, a pesar de que estaba a punto de alcanzar el
estatus de Marqués des Artes Marciales.
Al notar eso, Ondo apretó los pu?os. Con un par de pu?os que briban con una luz dorada, corrió
en dirión al anciano.
Se movieron tan rápido que nadie pudo ver sus movimientos. La multitud solo podía escuchar el
sonido de los pu?os chocando.