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Cap铆tulo 1171

    Capítulo 1171


    —?Eso es todo lo que puedes hacer? —preguntó Jaime. Sus ojos briban de insatisfión.


    Las piedras no eran nada. Diablos, Quintín podría haber reunido metal, y Jaime seguiría


    destruyendo todo de un golpe.


    Quintín se rio en voz alta al ver esa expresión en cara de Jaime.


    —No supongas que puedes astarme con facilidad sólo porque estoy cubierto de meras


    piedras. Prueba a venir a por mí si no me crees.


    Quintínnzó su pu?etazo, que era del tama?o de una peque?a colina, y lo estrelló justo en


    dirión a Jaime.


    Este último apretó el pu?o al ver aquello. Una luz dorada seguía irradiando a su alrededor.


    Saltó y se encontró con el pu?o de piedra en el aire.


    Para Jaime, ese pu?etazo era más que suficiente para destruir todo el exterior de piedra y


    convertirlo en polvo.


    La verdad, sin embargo, no era lo que él esperaba.


    Cuando los dos pu?os se tocaron, Jaime sintió una presión abrumadora en su brazo, y cayó de


    nuevo al suelo.


    ??Bum!?.


    El pu?etazo de Quintín hundió a Jaime en el suelo de inmediato.


    Apareció un agujero de varios metros de profundidad, y Jaime quedó enterrado bajos rocas del


    fondo de ese agujero.


    —Ja, ese estúpido jovencito. ?En verdad pensó que usaba rocas insignificanteso armadura?


    Quintín rio a carcajadas al ver a Jaime enterrado en lo más profundo de tierra.


    Al pie de monta?a, Javier frunció el ce?o.


    No se había dado cuenta de que Quintín era tan poderoso. Supongo que Jaime no puede con él solo.


    —Ten preparado el Celestial Rojo. No dejen que Quintín se escape —instruyó Javier en voz baja.


    Sus subordinados sacaron sus cuerdas doradas una vez más y se dispusieron a atacar de un


    momento a otro.


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    ?Refunfu?o...?.


    Jaime salió de debajo des piedras y se quedó mirando a Quintín mientras un atisbo de desconcierto


    briba en sus ojos.


    El primero solo no lo entendía. ?Por qué su pu?etazo no podía destruir aques enclenques rocas?


    Quintín no tenía muy buen aspecto cuando vio a Jaime de pie y sin ninguna herida.


    —De verdad que es duro...


    Javier no pudo evitar admirar un poco a Jaime cuando vio al hombre allí de pie sin un rasgu?o.


    —No me voy a rendir...


    La agresividad brilló en los ojos de Jaime. Su cuerpo se convirtió al instante en una b de luz dorada,


    y se puso en marcha a toda velocidad. Estaba detrás de Quintín cuandonzó sin piedad su pu?etazo


    a espalda de Quintín.


    Quintín se había convertido básicamente en un gigante de piedra de varios metros de altura, por lo


    que su tama?o y peso habían aumentado de forma enorme. El inconveniente era que de manera


    inevitable se volvía más lento.


    Jaime aprovechó para rodear a Quintín y emboscarlo.


    ??ng!?.


    Cuando Jaime dio el pu?etazo, ocurrió algo inesperado que le sorprendió. Todo lo que se vio fue a


    Jaime golpeando espalda de Quintín, pero eso no le hizo ningún da?o a Quintín. En su lugar, una


    tremenda  de energía salió disparada hacia Jaime y lo hizo vr.


    El cuerpo de Jaime parecía una b de ca?ón mientras vba por los aires y se estreba


    contra el suelo.


    Toda monta?a tembló mientras Jaime, una vez más, quedaba enterrado en lo más profundo


    del suelo.


    Quintín se dio vuelta y se burló de Jaime:


    —?Ja! No te molestes en gastar tu energía. Nunca atravesarás mi armadura.


    Jaime volvió a levantarse. Observó sin cesar al monstruo que se cernía frente a él.


    Todavía no podía entender lo que estaba pasando. ?Qué podría haber hecho Quintín a esas


    piedras para haces más fuertes que el acero?


    Y luego estaba oleada de energía que disparaba a Jaime. Podía sentir que energía no


    provenía de Quintín. En cambio, emanaba de aques piedras.


    Jaime apretó los dientes ynzó su cuerpo hacia adnte. Su pu?o dorado parecía capaz de


    prar cualquier cosa, y vba hacia Quintín.


    ??Bum!?.


    Se produjo otro fuerte estallido, y toda monta?a tembló. Quintín ni siquiera se movió. Recibió


    el pu?etazo de Jaime de frente, pero, aun así, Jaime salió vndo.


    Fue entonces cuando los órganos internos de Jaimeenzaron a actuar.


    —Ja, ja, ja, me pregunto cuántos golpes podrás dar en tu estado. Estarás a mi merced cuando


    hayas agotado tu energía.


    Quintín volvió a reírse de manera bulliciosa.
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